Las vueltas que da la vida

Mientras su marido pasea por la alfombra roja de Venecia, Lucía Topolansky se dedica aquí a defender a un polémico empresario que promueve un puerto privado y la enajenación de la Rambla, blandiendo ya no las armas sino una postura absolutamente “neoliberal”.

Los revolucionarios son personas sorprendentes que, si llegan a viejos, pueden provocar grandes confusiones a sus biógrafos. No se escapa a esa regla doña Lucía Topolansky, la “mala de la película” en su ya remota juventud. Audaz y despiadada como guerrillera, ha llegado a la Vicepresidencia de la República y cambió completamente su ropaje, poniéndose ahora en favor de las inversiones privadas, cuanto más privadas mejor.

Eso ocurre con la obra que promueve el señor López Mena, de polémica gestión en los últimos tiempos. Impulsa un puerto privado en el dique Mauá y para ello el Senado votó un proyecto de ley con respaldo de la mayoría oficialista –la oposición de opuso unánimemente– por el cual se venden a favor de López Mena los terrenos costeros en los que se construiría el desembarcadero. No es que se conceda el uso de los predios por treinta o cincuenta años, que es lo que suele hacerse en estos casos, sino que a cambio de la inversión que hará el empresario para levantar las instalaciones las instalaciones, el Estado le cede la propiedad.

La operación ha generado muchas discusiones, al punto que los diputados del Frente Amplio dudan ahora y no se sabe si votarán como lo hicieron los senadores de la coalición.

Ante ello, la Vicepresidente salió en defensa de la iniciativa sosteniendo que la obra costará U$S 200 millones, que el Estado no tiene y que es necesario que aporte un privado. Dijo que con el puerto se van a generar muchos puestos de trabajo y que, como la obra se haría sobre un espacio ganado al mar, la Rambla no perderá su fisonomía.

Quién te ha visto y quién te ve. Quizás esos argumentos son correctos, pero en todo caso llaman poderosamente la atención por provenir de una exguerrillera que a sangre y fuego quiso imponer una revolución socialista, abolir la propiedad privada e imponer el totalitarismo estatal. Y lo que propone es definitivamente privatista y neoliberal.

Es que la vida, sobre todo cuando es larga, ofrece esas sorpresas.

Casi olvidábamos recordar que el Movimiento de Participación Popular, grupo al que pertenece Topolansky, sigue identificándose con el lema “Por la liberación nacional y el socialismo”.



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