La vergüenza de haber sido (o ser aún) frenteamplista

Por Jorge Bentos

Los sucesivos fracasos del gobierno frenteamplista han logrado lo que hasta hace un tiempo atrás parecía impensable: los votantes o simpatizantes del Frente sienten vergüenza.

En efecto, tal cual la letra de un viejo tango, sienten “la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”. Pero no ya bajo el ala del sombrero, como expresa la letra, sino bajo la sombra de una nefasta bandera ideológica como lo es la del Frente Amplio.

Todos conocemos a los que ya dicen “yo no los voté”, y cansados, tristes y solitarios en su mentira casi piadosa, no logran ya esconder esa lágrima de tristeza que en varias oportunidades se asomó pero que hoy ya no la pueden contener. Todo un tango.

El Frente Amplio, en su “empeño en deshacer”, hace que los avergonzados se pregunten si fueron flojos o si fueron ciegos al momento de votar. Es lógico este arrepentimiento que causa esta emoción: sentir la más profunda de las vergüenzas ante la inoperancia del sistema creado por estos tres últimos gobiernos de la mano de la izquierda populista.

Por lo mismo, es que ahora y parafraseando otro tango, están “cuesta abajo”, soñando con el “tiempo viejo que hoy lloran y que nunca volverá”, es decir las falsas promesas y quimeras que gestó el camino del Frente, con sus ilusiones pasadas, añorando el tiempo viejo de las promesas electorales, “tiempo viejo que hoy lloran y que nunca volverá”.

Al igual que sus “hermanos de izquierda”, compañeros de rumbos en nuestra America, gobiernos de izquierda como el del Brasil de Lula da Silva o del pseudo presidente y real dictador venezolano Maduro, el Frente está embebido en corrupción pasiva. Lo vemos en las pésimas gestiones gubernamentales, en sus personajes actuales, de ver cómo las calles de nuestras ciudades están cubiertas de droga y delincuencia ante un gobierno ausente.

Perdemos civiles y policías, ganan los que gozan de impunidad real y que se amparan en un sistema creado para la distorsión de nuestra sociedad. Nada escapa, ni jóvenes ni viejos, ni mujeres ni hombres, todo es un gran descontrol. Las cosas solo funcionan en el discurso triste y solitario de los pocos artífices que aún dan una cara ante la opinión pública, para ser solo escuchados por sus secretarios y alcahuetes, mientras la sociedad en silencio los observa y repudia.

Y claro, si los que militaron por los votos frenteamplistas no sintieran vergüenza, no serían uruguayos.

Por eso, el tango es una melodía nostálgica y triste que se aplica y muy bien a este período opaco. En cambio, en nuestros corazones se entonan las estrofas de cantos de cambio y rebeldía. Un nuevo Uruguay se está gestando, pese a la vergüenza que hoy sienten los frenteamplistas, vergüenza que los va a acompañar hasta el final de este cuesta abajo que no tiene retorno.



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