¡Ojo que la vaca les gana!

Por Catón el Viejo

La movilización agropecuaria desnudó la incapacidad del gobierno, al que le falta tacto y capacidad de diálogo

Cruenta realidad para un sector menospreciado desde las alturas citadinas, donde se planta el Gobierno desde hace ya un largo trecho. Es que promover la explotación de recursos naturales, para sustentar el modelo de desarrollo de una economía en pleno siglo XXI, constituye a su entender un error catastrófico y condenatorio para el Uruguay de hoy. Esto ha implicado relegarlo a un lugar secundario de su interés, y así es que cuando se fija el valor del dólar, del combustible o de las tarifas públicas, se promueve una reforma tributaria o se adopta la medida gubernamental que fuere, se hace a la luz de la inflación, del consumo, del déficit fiscal, del flujo de capitales o de la posible reacción de los sindicatos pero nunca ponderándose su eventual impacto para el sector rural. Ni por lo bajo. Ya no es parte de la ecuación. Otras cosas importan desde hace un buen tiempo. A ello se agregan dichos públicos de parlamentarios del oficialismo, quienes para descomprimir la situación, no tienen mejor idea que descalificar los planteos al provenir de terratenientes que lejos están de las necesidades sociales más urgentes que el Gobierno debe atender.

En ese marco, el Presidente anuncia una eventual reunión para febrero, ante el pedido de los productores, y posteriormente de forma abrupta citó a las gremiales (no a los productores) con carácter inmediato, para conformar un diálogo nacional al respecto. Nada mejor para demostrar el alto grado de improvisación y falta de tacto con que se ha llevado adelante un tema central, que hace al corazón de este país, ignorándose además una premisa que viene de los tiempos fundacionales: si el campo se mueve, el país se sacude. Y esa delicada premisa, que hasta el propio Batlle y Ordoñez debió digerir y terminó por aceptar a regañadientes, hoy parece obviarse por completo.

Ninguna persona con cierto grado de reflexión puede sostener que el modelo económico del Uruguay de hoy, debe basarse en la producción de productos primarios pero el tema es que nadie plantea esto, ni siquiera el propio sector. Pero lo que el Gobierno no puede descuidar es que el sector agropecuario constituye el actor exportador por excelencia y que en momentos de crisis, representa una reserva indiscutible que tiene el país para la entrada de divisas, a la que se recurrió por ejemplo para salir a flote de la crisis de 2002 (que hoy parecemos ya olvidar, alegremente). No fue el software, ni la celulosa, ni la construcción, ni el turismo quien comenzó a mover la “maquinita” nuevamente; fue el campo. Es que como dijera el presidente de turno que timoneara aquella tormenta: “la vaca les gana”, y vaya si les ganó.

Está faltando en el Gobierno tacto y capacidad de diálogo, frente a una problemática que además ya nadie cuestiona: este reclamo tiene base legítima: la estructura de costos resulta insostenible. Si miramos al 2002 para sacar enseñanzas, hoy falta un Atchugarry, un articulador, alguien que pueda entender primero, negociar después y brindar medidas certeras que generen confiabilidad de ambos lados. Nadie toma tal rol, es más fácil tomar partido y allí plantarse. Preocupa mucho cuando supimos ser un país que estaba repleto de figuras de tal calibre en todos los partidos.

Para lograr todo eso, no sería mala idea aflojar la cincha este año, fundamentalmente para los pequeños productores, y promover un ámbito que permita insertar realmente al sector rural dentro del esquema de desarrollo que se plantea el partido de gobierno, de cara a los próximos años, en lugar de dejarlo año a año cada vez más relegado. Estamos hablando de un sector que hoy día produce alimentos para más de 20 millones de personas, y que está en condiciones reales de hacerlo para 50 millones en los próximos diez años, si le damos las herramientas. Al Gobierno ello le implicará “bajarse del caballo” pero calmo diría el paisano que la retranca, en este caso, vale la pena.



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