La mendicidad y el incumplimiento de la ley

Por Elena Grauert

El decaimiento en el que ha caído Montevideo es expresivo de una falta de autoridad y de incumplimiento de las normas

Hace unos días, justo cuando el Intendente suplente de Montevideo Curuchet, declaró que entre los problemas más graves que tiene Montevideo, está el de la gente durmiendo en la calle, vi en la Plaza Independencia, a las 11 de la mañana, a un hombre con un colchón y bolsos que lo rodeaban, durmiendo muy tranquilamente, como si estuviera en el dormitorio de su casa.

Como me llamó la atención procedí a sacarle una foto, dado que el dormir con colchón y todo en la Plaza principal de nuestra ciudad, rodeado de turistas es la clara demostración de abandono y descuido en que vivimos los montevideanos.

Acto seguido veo que se acerca la policía con unas guardias de la Intendencia y le dicen al ciudadano “dormilón”, que debe levantarse de ahí, que no puede dormir en la plaza que es una falta castigada por el 361 del Código Penal.

Luego de protestar un poco, se levanta con sus “petates” y procede a esconder el colchón y bolsos bajo un árbol que tiene un frondoso follaje, que perfectamente puede llegar a ser una especie de refugio o “guardarropas” natural, haciendo todo esto a la vista y paciencia de la policía y de las guardias de la plaza, quienes eran conscientes de la falta de respeto a la normativa y de su inocua acción frete al desparpajo del infractor.

Acto seguido el infractor, se acostó en el mármol del Mausoleo de Artigas, disfrutando del sol de noviembre. Las guardias de la Intendencia vieron que yo estaba fotografiando la escena, razón por la cual me pidieron la foto, como prueba de que la policía no levanta las cosas ni las confisca, ni se lleva al ciudadano que comete la falta como reprimenda, y que, salvo la advertencia, no hace nada más justificándose que no tienen guantes para seguir actuando. Ellas con razón me decían que no podían hacer nada sin el auxilio de la fuerza pública, lo cual es cierto y lógico.

Este breve relato, lo que demuestra es que si bien muchas veces los funcionarios tratan de cumplir con su deber, si no hay una verdadera colaboración y compromiso en cuanto al deber de servicio, objetivos y respeto al cumplimiento de la ley, las cosas no se resuelven. En realidad, la Policía demostró que poco le preocupaba su autoridad, siéndole indiferente que el sujeto les tomara el pelo a su vista y paciencia.

El problema de la gente viviendo en la calle, es la demostración más cabal de la falta de autoridad. Es evidente que los gobernantes no quieren tomar una resolución con respecto al tema, hay una clara ausencia del Estado en el cumplimiento de su deber.  Ello lleva a que las personas que viven en forma más marginal, terminen ocupando los espacios públicos y privados, sin control.

Lo mismo sucede con la basura, o las pintadas de las fachadas de todos los edificios, hay un abandono del cumplimiento de la ley, no se respeta el derecho ajeno respeto por el derecho ajeno ni se cumple el deber que tenemos todos en cuidar nuestro entorno.

El tema fue abordado por el Intendente Martínez hace unos meses, lo cual no fue tomado con agrado por el Presidente de la República. Pero la realidad es que el problema es de la Intendencia, porque los ciudadanos de Montevideo tenemos derecho a circular o salir de nuestras casas, sin tener que pagar peajes permanentemente por la mendicidad, o pedir permiso para ingresar o salir de nuestras viviendas, con la inseguridad además que todo ello conlleva. Quizás debiera la Intendencia coordinar con Ministerio del Interior, Mides Fiscalía y Poder Judicial, un protocolo de actuación, que permita ubicar a estos ciudadanos en refugios, pero además que no se actúe con liviandad, las faltas tienen que castigarse, dado que es inocuo que los saquen y no los sancionen, porque vuelven a cometer la misma en forma inmediata.

Hay que comenzar a sancionar a quien tira la basura, a quien acampa en la calle o plazas, a quien pinta las fachadas de los edificios. Sí, los uruguayos y Montevideo necesitan orden, las plazas están sucias, las fachadas de edificios bellísimos como la Universidad de la Republica, la Biblioteca Nacional y el ex liceo Francés, están tan descuidadas que no lucen su majestuosidad y eso es malo para la convivencia social, demuestra un descuido y una falta de reglas que llevan a otros problemas mayores de “anomia social” e inseguridad.

La falta de cuidado de la ciudad y de convivencia, promueve la indigencia y ello acarrea temas que inciden en la salud pública, es evidente que las falta de baños públicos, hacen que la ciudad muchas veces se vea invadida de un hedor muy fuerte en las veredas, a lo que se suman problemas de posibles contagios de enfermedades que estos fenómenos traen.

Pero además, todo este fenómeno empeora el debido relacionamiento y lazos de solidaridad y respeto que debe existir entre los ciudadanos las normas se deben cumplir, para que la convivencia social sea posible, agradable, pacífica, y por eso cuando se violan debe existir una sanción.

Cuando esto no se cumple, la sociedad lleva a partirse, comienza la discriminación, la calidad de ser humano se desdibuja y aparece una guerra subyacente entre el que cumple la norma y el “vago pichi, ladronzuelo o drogadicto”, que lo único que genera es gastos y  perturbación, rompiéndose con los lazos de solidaridad necesarios para que las sociedades progresen, crezcan, sean lugares amigables para vivir.

No me llama la atención que hace pocos días saliera una encuesta que decía que los uruguayos en su mayoría no se consideraban felices, quizás parte de la razón de esa infelicidad es la falta absoluta de cumplimiento de las normas, dado que ello necesariamente conlleva al descreimiento, a la pérdida de confianza, de valores y a no poder vislumbrar un futuro promisorio, dado que no hay reglas claras. El tema de los límites y el orden, es un problema del Estado y cuando no se exige su cumplimiento, las sociedades se enferman, se desintegran y dejan de funcionar, perdiéndose el rumbo, al igual que las carreteras sin la señalización.



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