Tras su fugaz gestión al frente de la Intendencia de Montevideo, cargada de polémicas, el joven Di Candia se despide de la comuna sin lograr ser electo Edil Departamental. Sin embargo, debido a su persistente intervención en la campaña electoral y su actitud desleal hacia el gobierno nacional, es claro que Di Candia tendrá su premio consuelo, solo resta esperar.
El Intendente Di Candia, aún en funciones, será recordado por su corto pero polémico pasaje por la comuna montevideana. Del riñón de Martínez, el joven Di Candia fue el único suplente -cuarto y último- dispuesto a renunciar a su empleo público para asumir como Intendente ante la renuncia de Martínez -en abril de 2019-, que primero sería candidato a Presidente y luego a Intendente. Hasta ese momento, Di Candia se desempeñaba como Prosecretario de la Intendencia de Montevideo, cargo para el que fue designado en 2015.
En este breve periodo como Intendente, de aproximadamente un año y medio, Di Candia utilizó la Intendencia de Montevideo para operar políticamente en favor de su partido, por un lado, y de su grupo político, por otro. No obstante, Di Candia tuvo un éxito parcial: logró, con sus operaciones políticas, hacer hasta lo imposible para que el Frente Amplio retuviera la Intendencia, pero fracasó en su intento por ser Edil Departamental. Sin embargo, es claro que Di Candia tendrá su premio consuelo, solo resta esperar.
En momentos en los que se cuestiona al gobierno nacional por haber "intervenido" en la campaña electoral, muchas veces con razón, nada se ha dicho del rol de Di Candia en las elecciones departamentales y nacionales. Respecto a esto último, es necesario comenzar recordando que Di Candia comenzó su fugaz período como Intendente criticando a los Presidentes Mauricio Macri -que se encontraba en campaña- y Jair Bolsonaro y evitando referiste al régimen de Venezuela como una dictadura. De igual forma, durante octubre y noviembre, fue parte de la "campaña de miedo" que el Frente Amplio realizó, sin éxito, para retener el poder.
Tras los contundentes resultados de octubre y noviembre, Di Candia se dedicó a intervenir en la campaña departamental y "luchar" contra un gobierno que se estrenaba en medio de una pandemia. La primera "acción de lucha", durante la pandemia, fue retrasar la obligatoriedad del uso de los tapabocas y el aumento de la frecuencia de los ómnibus, que iban repletos en un momento clave de contención del coronavirus.
Luego, como recordamos en Correo, Di Candia organizó -sin consultar ni al Ministerio de Salud Pública ni al grupo asesor científico- una "asonada" en 18 de Julio con el pretexto de mejorar las ventas, invitando a la gente a pasear por la calle. No hubo ninguna prevención ni cuidado respecto al distanciamiento físico y al uso de tapabocas. Eso sí, casualmente apareció saludando a la gente y expresando su elocuente contraseña -"¡vamo arriba!"- el candidato oficialista a la Intendencia, Daniel Martínez.
Posteriormente, Di Candia se opuso a la resolución gubernamental de autorizar las misas. Invocando no se sabe qué extraña norma municipal -y demostrando una profunda ignorancia en la materia- sostuvo que, según una directiva del Congreso de Intendentes, las misas no podían realizarse. Se ve que algún asesor sensato le advirtió que lo que estaba diciendo era un disparate, porque retiró rápidamente esa prédica.
Con una sed de protagonismo sin límites, se sumó alegremente a la campaña para que se reabran los teatros, porque "la cultura es lo urgente", en lo que fue fervorosamente acompañado por la senadora y también candidata a la Intendencia, Carolina Cosse.
Por si fuese poco, al mismo tiempo que solicitaba al gobierno nacional que le transfiriera dinero del Fondo Coronavirus, anunciaba un "plan de empleo" -muy similar al que Cosse presentó en campaña como su versión del "plan de emergencia"- por el que se contrataron por tres meses 1.000 personas. Una medida populista por donde se la mire.
Pero Di Candia no paró. Además de su plan de empleo y los recordados cursos obligatorios de "lenguaje inclusivo", el Intendente creó cargos de confianza -con salarios superiores a los $ 100.000- para ocupar a los colaboradores de campaña del en ese entonces candidato, Daniel Martínez. En el rubro contrataciones, Di Candia también amplió su equipo a un mes de las elecciones, contratando a la hija de una reconocida periodista por la suma de $60.000.
Casi en paralelo, Di Candia adjudicó una licitación por 21,5 millones de dólares a una empresa que había sido denunciada por la propia Intendencia de Montevideo y observada por el Tribunal de Cuentas de la República. En un principio, el Intendente se había negado a asistir a la Junta Departamental pese a que la interpelación fue votada por unanimidad; no obstante, cuando finalmente acudió, acusó a la oposición de "pretender socavar la transparencia" de la Intendencia de Montevideo.
Sus últimas dos acciones fueron igual de sorprendentes. Por un lado, utilizó a los funcionarios de la Intendencia para descolgar la cartelería de la Lista 2000, perteneciente al sector Batllistas que lidera el expresidente Sanguinetti. Tras conocerse pruebas documentales contundentes, Di Candia aseguró que se trataba de un "error involuntario" que nunca fue aclarado pese a que se aseguró que se iba a "investigar a fondo".
Por otro lado, en el medio del diferendo por la gestión de la Unidad Agroalimentaria Metropolitana (UAM), Di Candia firmó una resolución por la cual, a partir del 14 de octubre, la comuna volvió a asumir la administración de los bienes inmuebles en donde esta funciona. En su momento, el verdadero ideólogo de la medida, Daniel Martinez, salió en defensa de la misma: "La Intendencia tiene todo el derecho de defender sus potestades, su autonomía y el esfuerzo que se hizo ante el atropello por parte del gobierno. Vamos a utilizar todas las herramientas que estén a nuestro alcance para velar por el bien de todos los montevideanos", escribió en sus redes sociales el en ese entonces candidato.
Di Candia será premiado, de eso no hay duda, pero su corta y desastrosa gestión, que siquiera le alcanzó para ocupar un sillón en la Junta Departamental, quedará grabada en la peor historia de la Intendencia de Montevideo.