La falta de previsión

Por Jorge Bentos

A un año y días de lo ocurrido con el tornado que azotó a la ciudad de Dolores, quedó al descubierto la falta de coordinación en la ayuda aportada desde el gobierno. En efecto, al mejor estilo de “la gauchada solidaria”, los habitantes demostraron que una ayuda desorganizada contribuye a profundizar los efectos calamitosos del tornado “que hizo temblar hasta las raíces de los árboles”.

A la destrucción ocasionada, los doloreños se sintieron mal asistidos. Luego de un año se han podido ver —según los técnicos que informaron por televisión— la gran inoperancia en la respuesta estatal. Y en mérito a la inoperancia, aparecieron los grupos que se autoconvocaron sin coordinar con el sistema que debió organizarlos según un cronograma de trabajo que debería haberse previsto.

Es claro que en el Uruguay del período frenteamplista la falta de previsión y la improvisación campean alegremente. Y en lo personal no creo que haya servido este tornado para institucionalizar un real sistema de contingencia ante hechos calamitosos. Dolores es un ejemplo triste de cómo se actúa desde el gobierno central ante los desastres reales, sean obra de la naturaleza o del hombre. En este marco entra indudablemente la gran inseguridad en que vivimos.

También y en este marco de falta de previsión, hemos presenciado en esta pasada Semana de Turismo —entre otras cosas tristes—, cómo se realizó calmadamente un famoso paro de las bocas de venta de droga en Rocha, en protesta porque el gobierno no actuó ante el incendio de la cárcel de Rocha y que costara la vida de 12 reclusos. Increíblemente cierto, todo el viernes, bajo la consigna de “por la vida y por Dios”, Rocha no tuvo venta ilegal de drogas y, por supuesto, que tampoco la legal, la que sigue solo en la ya famosa implantación.

A estos extremos hemos llegado: los delincuentes hacen paro también para que el gobierno actúe; este hecho es realmente insólito. Por lo mismo, ante desastres naturales o sociales el gran ausente es el Estado, el gobierno de este triste período que atravesamos. Las lógicas consecuencias son la gran depresión social que, más allá de casos singulares y puntuales, abarca a toda la sociedad. No hay antecedentes —según expertos— del grado de depresión que afecta a los uruguayos de hoy, donde se aplican las famosas ya “cuatros A”: aflicción, abulia, apatía y apragmatismo.

Y lamentablemente todo esto en su conjunto es gracias a la obra y la falta de gestión de estos gobiernos frenteamplistas, con sus paradigmas estrechos y fuera de foco. Juntemos fuerzas físicas, espirituales y de sano razonamiento para que entre todos podamos dar vuelta a esta página negra de la realidad que nos aqueja.



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