La demanda que falta en los reclamos de Un Solo Uruguay

Por Tomás Laguna

Una nueva movilización del campo está prevista para el 14 de marzo. Los postulados se mantienen desde la Asamblea de Durazno. La competitividad afectada gravemente por el elevado déficit fiscal y sus consecuencias. No obstante hay un reclamo no incluido pero que afecta con igual magnitud la viabilidad de nuestros sectores productivos.

Luego de los petardos en torno a la Expo Activa y las fricciones que estos generaron entre productores rurales y el gobierno, las cosas ingresaron en un nuevo impase no exento de tensiones en relación al futuro inmediato de un diálogo a esta altura nada promisorio. Es necesario reconocer en los productores, en este caso la Asociación Rural de Soriano, el mayor mérito en esta distensión en vísperas de uno de los sucesos feriales más importantes del agro negocio en nuestro país. Con hidalguía supieron pedir disculpas por algún acto impropio de su parte, así considerado por el Poder Ejecutivo. Hoy la exposición está en pleno apogeo, y el ámbito es escenario adecuado para estribar a bota llena en los reclamos del 23 de enero.

La agenda del movimiento Un Solo Uruguay está planteada en torno al excesivo gasto del Estado, el déficit fiscal y sus repercusiones en las tarifas públicas y el tipo de cambio. Y es correcto el foco, solo que no deben ser las únicas reivindicaciones frente a una gestión de gobierno dedicada a administrar una bonanza que se deshilachó a partir del 2014. En ese sentido entendemos que se debería ser mucho más enfático e intransigente en referencia a una estrategia de inserción internacional que nos ponga en igualdad de condiciones con nuestros competidores ante los mercados en los que nos va la vida. Algunas reflexiones al respecto.

En un reciente reportaje concedido a El País, el uruguayo Nicolás Albertoni, Coordinador sobre política comercial en el Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad de California, Máster en Política Internacional por la Universidad de Georgetown y actualmente cursando su doctorado, nos ilustraba sobre el rezago creciente de nuestro país en cuanto a acceso a mercado con tasas preferenciales. Los ejemplos son múltiples. Mientras las expectativas sobre el mercado japonés para nuestras carnes es que nos habiliten sanitariamente, Nueva Zelanda pasará a exportar con una tasa arancelaria del 9% frente al 38% que deberá pagar Uruguay de lograr su ingreso. Tanto Nueva Zelandia como Australia profundizaron el acuerdo con China firmado en el 2016, Australia y Perú ya cerraron un acuerdo comercial que será clave para el comercio transpacífico (el cual pone en serio cuestionamiento el tradicional mercado peruano para nuestro arroz, cuando aún hay grano sin vender de la zafra pasada). El viejo TPP del cual el inefable presidente norteamericano se bajó, se consolidó con la participación de 11 países que mueven hoy el 15% del producto mundial. Por su nueva sigla, CTPP (Comprehensive and Progressive Trans-Pacific Partnership), este acuerdo significará solo para Australia y Nueva Zelanda un ahorro anual en tarifas de 200 millones de dólares. En el mismo reportaje Albertoni comenta que más de la mitad de las exportaciones uruguayas entran sin preferencias a sus destinos. En el caso de Nueva Zelanda solo el 20% de sus exportaciones carecen de preferencias, Australia solo el 10%, y Chile exporta más del 90% con arancel cercano a cero. Esto lleva al experto compatriota a afirmar que “En una inserción comercial inteligente y dinámica se juega gran parte de la competitividad del país”.

La agenda de nuestro país en este estratégico desafío existe, pero bajo dos condiciones pesadas. Una es su indisoluble dependencia con el MERCOSUR, condicionados por los intereses de nuestros socios, la otra, la más absurda, es la dependencia ideológica con los sectores más retrógrados del partido de gobierno.

En estos momentos se lleva a cabo una ronda más en las interminables negociaciones con la Unión Europea, luego de más de 20 años de haber iniciado el diálogo. No obstante ya se iniciaron las conversaciones con Canadá, en diciembre pasado hubo una reunión entre los representantes del Mercosur y el Gobierno de Corea del Sur en la que coincidieron en la importancia de iniciar "rápidamente" las negociaciones para lograr un acuerdo comercial. También están en agenda negociaciones con Singapur y el EFTA (European Free Trade Association – aquellos países europeos que no integran la UE). La agenda existe, los plazos son imposibles de determinar, menos aun cuando se va a lograr una efectiva inserción internacional acorde al ineludible destino exportador de nuestra economía.

La ronda actual de negociaciones con la UE preve algunos logros interesantes para la carne, aun cuando el cupo final no está establecido y las cifras que se manejan no satisfacen las expectativas de la cadena cárnica, también para el arroz, dónde si bien el cupo no es el esperado seguramente será usado mayormente por nuestro país, los cítricos recuperando el acceso al mercado europeo luego de haber perdido en el 2014 los beneficios del Sistema General de Preferencias, y en lácteos, rubro particularmente sensible, las expectativas de poder ingresar con manteca a la UE. No obstante existen temas particularmente álgidos que condicionan cualquier avance. En particular en materia de automotores, cabotaje marítimo para buques de bandera europea dentro de la región, y también patentes. Los temas agrícolas están condicionados a que se acuerde en estos aspectos para luego terminar por transar en el comercio de productos de ese origen. Por cierto son procesos que están supeditados a sus propios tiempos, no hay opción alguna que los acelere. Solo la expectativa que una vez logrado el acuerdo entre en vigor de inmediato.

Mientras tanto la competitividad de nuestra producción exportadora sigue deteriorándose, sea por el peso del Estado o por nuestras incapacidades para insertarnos en el mundo. ¿No será que de haber logrado un status similar al chileno estaríamos hoy mejor posicionados? La respuesta políticamente correcta es no (“más y mejor MERCOSUR” repetía cansinamente el Dr. Vázquez siendo candidato). La real, la que obedece a los intereses del país seguramente es otra. Pero aun así, aun recuperando nuestra libertad de elegir nuestros socios comerciales en el mundo, nadie nos pone a salvo de quienes desde la ideología se quieren cerrar al mundo para proteger nuestras ineficiencias internas.

Inserción internacional es una demanda que debería estar a renglón seguido de las actuales en la agenda de Un Solo Uruguay. Nos condiciona tanto como la demagogia populista administrando al Estado.



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