La Ministra Arismendi y la libertad de expresión

Por Santiago Torres

A raíz de la polémica desatada por el afiche de la fiesta de la Patria Gaucha 2019, la titular del MIDES procuró bajarle decibeles al tema y sostuvo que ese comunicado está amparado en “la libertad de expresión”. No es así.

Como tendrá presente el lector, el artista plástico Fernando Fraga, por encargo de los organizadores de la edición 2019 de la fiesta de la Patria Gaucha, diseñó un afiche en el que se evoca a las “amas de leche”, o sea, aquellas negras que amamantaban a los bebés de sus amos, en tiempos de esclavitud, o de sus patrones, con posterioridad a la abolición de ésta. Los organizadores habían señalado que el tema de esta edición de la popular fiesta era la lactancia y, en virtud de ello, solicitaron que se recordara a las “amas de leche”.

Como toda manifestación artística, el juicio sobre el significado del afiche y su calidad estética y aun técnica, es subjetivo y seguramente despierte muy diferentes emociones y opiniones en cada persona que lo observe.

Sin embargo, INMujeres entendió del caso formular un juicio condenatorio desde la atalaya que le brinda ser un organismo del Estado.

Con tono a la vez admonitorio y pedagógico, INMujeres hace un “llamado a la reflexión” a los organizadores de la fiesta y a la Intendencia de Tacuarembó, invitándolos “a utilizar imágenes inclusivas para una actividad que convoca a la mayor diversidad de nuestra población” . Por si no les quedara claro, el organismo explica que la imagen seleccionada “nos retrotrae a un pasado que la comunidad afrodescendiente, y la sociedad uruguaya toda, debe rechazar, porque invisibiliza el impacto que la cultura esclavista y racista generó en las personas que la sufrieron” , agregando que “muestra de manera naturalizada una situación de subordinación racial y de género que existía de manera institucionalizada y que aún hoy perdura” , además de que “no refleja toda la historia de las personas afrouruguayas, no reivindica derechos humanos, ni promueve la inclusión social, económica y racial” .

La Ministra Arismendi, además de hacerse la graciosa (la polémica “le hizo muy bien a Tacuarembó porque mucha más gente se enteró de esa fiesta” ), sostuvo que su cartera “opina libre y democráticamente que no representa a la Patria Gaucha” , rematando con que “opinamos porque tenemos libertad de expresión” .

Por un lado tenemos el comunicado de INMujeres, que se descuelga con una interpretación de la expresión artística que asume como la única posible y, como “maestra ciruela”, hace pedagogía, saltándose a la torera el “pequeño” detalla de que esa es la interpretación de los autores del comunicado y no LA interpretación.

Por otro, la titular del MIDES ampara el comunicado en “la libertad de expresión”, además de afirmar —reiterando la soberbia autoritaria del comunicado— que esa imagen “no representa a la Patria Gaucha” . O sea, los organizadores la seleccionaron porque obviamente entienden que efectivamente representa el espíritu de la fiesta, pero ella —que sabe más y mejor— les dice que se equivocaron porque la imagen no representa a la fiesta que ellos organizan. Ella no tiene nada que ver, pero siente que puede remplazar a los “representados” y explicarles con el dedo índice que están equivocados.

En cuanto a la libertad de expresión, al Estado le alcanza el mismo principio general que garantiza la libertad en general: los ciudadanos podemos hacer todo aquello que no está expresamente prohibido y el Estado, por el contrario, sólo puede hacer aquello que le ha sido expresamente autorizado.

Por tanto, la “libertad de expresión” de un organismo público no existe, carece de ese derecho —que sí tenemos los ciudadanos— sino que cuenta apenas con la facultad —que le ha sido concedida restrictivamente— para comunicar sus políticas.

¿De dónde sale eso de que ahora el Estado puede debatir de igual a igual con los ciudadanos? ¿No advierte la Ministra que el Estado como opinante está arrojando —aunque más no fuere en el plano simbólico— todo su poder sobre los particulares para marcar la cancha?

Es claro que no lo advierte, porque tiene absolutamente naturalizado (acá sí cabe la expresión) que no hay límites para que el Estado le diga a los ciudadanos qué tienen que hacer o que pensar, incluyendo en ese pensamiento la interpretación de manifestaciones artísticas y la producción misma de éstas.

Para muchos, el episodio tal vez constituya una mera anécdota. Estimo que no lo es porque pone de relieve el espíritu totalitario que permea a buena parte del oficialismo, que no hesita a la hora de censurar o —peor aún— inducir autocensuras.



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