La FED subió la tasa de interés: ¿qué hará el BCU?

La Reserva Federal de EEUU decidió incrementar las tasas de interés y se prevén nuevos aumentos a corto plazo. Ello redundará en un fortalecimiento del dólar estadounidense. ¿Qué hará el Banco Central en ese contexto?

El pasado miércoles 15, el comité de política monetaria de la Reserva Federal de EEUU decidió aumentar las tasas de interés entre 0,75% y 1%, la primera que se produce desde que Trump asumió el gobierno. La razón aducida por la autoridad monetaria fue una inflación que se acerca al 2%, que es el techo que la misma se trazó para este año, además de que ya estaba prevista desde fin del año pasado.

Con una economía en crecimiento, que llevó en los últimos años a una importante caída del desempleo y a un crecimiento de los salarios, se teme —razonablemente— que el paquete de estímulos fiscales del gobierno de Trump recaliente la economía, llevando la inflación más allá del techo del rango meta.

Por ese mismo motivo, en la FED ya anunciaron que no será la única suba de tasas que disponga este año. Si bien la previsión inicial es que esos aumentos se mantengan en los rangos previstos con anterioridad, la presidente de la FED, Janet Yellen, advirtió que si el crecimiento económico durante este año se intensifica, al ritmo de las políticas del nuevo gobierno, la institución revisará al alza los guarismos de aumento.

El alza en las tasas de interés es un proceso que ya se preveía hace tiempo y comenzó con un primer paso al final del período Obama, en diciembre del año pasado, con una suba del 0,25%, luego de no hacerlo desde el año 2008. Ya al producirse esa suba se anunció que habría otras tres en 2017, la primera de las cuales se produjo el miércoles.

La suba en las tasas de interés redundará, como ya lo hizo antes, en un fortalecimiento del dólar. Ello, seguramente, empañe los planes de la administración Trump por cuanto afectará la competitividad de las exportaciones de EEUU, pero —por otro— hará que siga creciendo la inversión en títulos de deuda de ese país, perjudicando el flujo de capitales a las “economías emergentes”. Todo ese proceso impulsa también al alza el tipo de cambio en nuestro país.

El BCU podría resistirlo, pero sería absurdo y tendría un costo importante. El punto es que ello volverá a dificultar la contención de la inflación, que este año viene lentamente acercándose al techo del rango meta, que es un 7% (acercándose “desde arriba”, ya que ahora se encuentra en 7,09%).

Como hemos señalado en innumerables ocasiones, el gobierno y el Banco Central deberán optar: contener la inflación o mejorar la competitividad uruguaya frente al exterior. La situación fiscal no le da margen para nada más y, luego de la Rendición de Cuentas (en caso de ser aprobada), mucho menos.

La gran pregunta entonces es: ¿licuarán incrementos salariales y de pasividades (y de paso, gasto público) con más inflación o continuarán afectando la producción uruguaya, encareciéndola frente al resto del mundo?

Camisa de once varas en que el frenteamplismo ha metido al país.



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