La Economía Vudú

“Economía vudú” fue la expresión utilizada por George Bush padre para referirse a las ideas económicas de Ronald Reagan cuando compitió contra éste por la nominación presidencial del Partido Republicano en 1980. Para Bush padre, la idea de recortar impuestos y aumentar el gasto era una manifestación de irresponsabilidad fiscal. En realidad, Reagan —desde la derecha— no llegaba con ninguna idea nueva sino con el clásico populismo económico al que siempre fue tan afecto el “progresismo” por estos lares.

En términos más generales, podríamos decir que la “economía vudú” es la creencia (porque es precisamente eso: una cuestión de fe, más cerca de la religión que de la ciencia) en que si ponemos “voluntad política” podemos lograr que 2 + 2 sea 5 o incluso 9, en lugar de 4. Pero como la realidad —que seguramente es de derecha— prescinde de ese pensamiento mágico, los resultados no son los que se buscaban.

En estos tiempos de “arco virtuoso progresista” en la región, la economía vudú se ha convertido en la religión oficial de algunos gobiernos y en, al menos, la referencia de otros o de parte de esos gobiernos.

El caso más paradigmático es el de la Venezuela de Chávez. Embarcado ese gobierno en un vasto “plan” (¿se planifica realmente o es al golpe del balde, como sospechamos?) de estatizaciones, controles y dirigismo, los resultados no han sido sino un desastre sin paliativos. Con un 26,9% de inflación acumulativa anual, Venezuela es el país de mayor inflación de la región. Ayer, nomás, leímos que el gobierno congeló el precio de 18 productos “para luchar contra el capitalismo”. Las congelaciones y controles de precios han dado siempre el mismo resultado. Pero como el pensamiento mágico es más fuerte que la aburridora y decepcionante razón, se insiste en aquél.

Argentina, aun sin llegar a esos extremos, también es otro emporio de la economía vudú. Así le va. Ahora se impusieron controles cambiarios para frenar la pérdida de reservas y las fuga de capitales, pero —muy lejos de detener la sangría— la huida hacia el billete verde (pese a ser una moneda casi “de juguete”, fruto de la emisión descontrolada) no se detiene. Preguntado el actual Ministro de Economía y futuro Vicepresidente Amado Boudou por qué pensaba que aquello que había fracasado antes de manera sistemática ahora sí funcionaría exitosamente, señaló: “Porque ahora gobierna Cristina Fernández de Kirchner”. El ex liberal Boudu sintetizo su fe en el vudú.

¿Y por casa cómo andamos? A grandes rasgos, Uruguay sigue siendo un país en que la razón parece primar. Sin embargo, el pensamiento mágico continúa dando batalla y ha logrado triunfos. Algunos de ellos muy relevantes.

La vieja superstición “progre” referida a la capacidad milagrosa del gasto público ha redundado en el crecimiento elefantiásico del gasto público corriente (el que después es casi imposible recortar). La consecuencia ha sido una inflación controlada a duras penas, cada vez más propensa a desbocarse. Era obvio, pero decirlo era “de derecha” y “neoliberal”. Como siempre, la terca realidad conspira contra el humanismo “progre”.

También era una ostensible superchería la peregrina idea de reflotar la industria azucarera en un país sin ventajas comparativas para hacerlo. Pero se hizo y ahí está ALUR, convertida en un agujero negro sin fin: ANCAP ya lleva tirados en la aventura U$S 165 millones, según el Tribunal de Cuentas. Para peor, ni los productores —a quienes se les reflotó una ilusión imposible— están conformes. Un pésimo negocio por donde se lo mire. Pero la fe oficial en el poder taumatúrgico del Estado se mantiene incólume: 2 + 2 sí pueden ser 5 y quien diga que no, es “neoliberal”.

Así las cosas, cabe preguntarse si se trata de un fenómeno a ser analizado por politólogos o, más bien, por antropólogos. La cuestión es que, pese a todas las evidencias de su reiterado y sistemático fracaso, la economía vudú tiene larga vida por delante.



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