José Mujica me ganó por abandono

Con ese título, el escritor Miguel Ángel Campodónico publicó en el portal Ecos una columna de opinión en la que declara su desconcierto y decepción ante las volteretas de José Mujica respecto a su candidatura. Campodónico fue autor del bestseller “Mujica”, una biografía que si bien no concedió nada tuvo un entorno admirativo. Transcribimos acá esa nota.

Creo que soy una persona que pertenece a la categoría de los uruguayos medios, sé leer, sé escribir, tengo una aceptable comprensión lectora y observo con atención la realidad de mi país. Por esa razón me siento un ciudadano normal capaz de desentrañar incluso las declaraciones más confusas de los actores políticos En general ha sido así, pero en el caso de José Mujica confieso que la imagen que yo me había formado de mí mismo se ha derrumbado. Con él llegué al límite de mis posibilidades, como no puedo desenredar su madeja verbal tiro la toalla.

En abril de 1999 -dentro de poco hará nada menos que 19 años- publiqué la primera edición de su biografía con el simple título “Mujica”. Se difundió de tal modo que hasta hoy lleva 25 ediciones en el Uruguay y ha sido publicada en Corea del Sur, en México, en Barcelona y en el País Vasco. En ese largo lapso nada de lo que ahí escribí fue desmentido.

Cuando le pregunté si seguiría en la actividad política ya que en 1995 había sido la gran novedad de convertirse en el primer diputado tupamaro me contestó: “Si vuelvo al Palacio Legislativo voy a hacerlo con alguien atrás con el afán de que los que vienen atrás de uno sean quienes se queden con la bandera. Si vuelvo lo hago para eso, para amplificar a alguien. A mi edad es lo único que tiene sentido… Siento que puedo ser mucho más útil en otra cosa, hay mucha gente que podría trabajar mejor que yo en esto, que está mejor dotada culturalmente...”. Después de escucharlo me dije que estaría muy poco tiempo más en la política, actividad que una vez apagado el grabador me aseguró que sentía que no era para él.

Como es sabido no solamente siguió (y sigue) en el Parlamento sino que fue ministro, senador y presidente de la República. En enero pasado –insisto, 19 años después- volvió a tocar el tema siempre presente de su posible candidatura a la presidencia. Fue entonces cuando dijo que tenía que venir otra generación porque él era de un mundo que se iba, aunque lo más desquiciante me resultó que declarara lo siguiente: “Si me sigo quedando estoy trabajando contra la renovación porque siendo un árbol viejo estoy haciendo sombra a los arbolitos nuevos que van a venir. Y si no vienen que se jodan”.

Dejemos de lado ese lamentable final impropio de alguien que ha recibido varios doctorados honoris causa, nos hemos acostumbrado a que se exprese con palabras mucho más groseras.

Lo que importa ahora es lo esencial. De lo que dijo yo deduje, esto es, en 2018, que desde 1999 hasta la fecha nadie “se quedó con la bandera” ni creció ni un solo “arbolito nuevo”, metáforas distintas que no han podido ocultar la realidad de que a José Mujica le encantó continuar en el primer plano de la política. ¿No era que tantos años atrás lo único que tenía sentido a su edad era pasarle la bandera a otro? Sin embargo, hoy con muchos más años de edad vuelve a plantear lo mismo sin banderas pero con arbolitos. Estoy de tal modo enredado en su madeja verbal que estoy sofocado, por eso tiré la toalla. Como si fuera poco además agregó que “tiene que venir otra generación porque soy de un mundo que se va”.

Su verbo es tan enmarañado y vanidoso que sostuvo también hace poco que si presentara su candidatura estaba seguro de que ganaría ya que la “gente humilde, la de la calle” lo presionaba para que lo hiciera, de donde vuelvo a deducir que ganas no le faltan. Claro que para enredarme más todavía con sus hilachas verbales sostuvo que sabía que “hay gente, no mucha, pero muy importante para la economía de este país, que me odia” y que no quería que su candidatura contribuyera a la confrontación.

En ese contexto no me doy cuenta de si pensaba abandonar la política para dejarle la bandera a otro, porque esperaba que creciera un arbolito, porque se consideraba de un mundo que se iba o porque hay quienes lo odian. Se trata de un punto fundamental dado que más allá de los arbolitos, de las banderas, de los odios y de los mundos acabados lo único claro es que hace más de veinte años que se zambulló en la política. Entró al Parlamento en 1995 y sigue tan campante.

Y hoy al parecer –con Mujica nada es claro- en este febrero de 2018 logró desprenderse por fin de las banderas, de los arbolitos, de los odios y de los mundos perimidos lo único que conserva intacta es la mirada en el sillón presidencial. Según el semanario Búsqueda habría sostenido que si se presentara es probable que muriera durante su mandato, de modo que quienes lo promueven le habrían planteado que fuera él mismo quien eligiera a su compañero de fórmula. ¿Y qué habría contestado? Nada de descartar su candidatura, al contrario, que si el FA habilitara eso, ahí cambiaría la cosa y estaría dispuesto a analizarlo. Veinte años de añejas declaraciones confusas y engañosas han quedado atrás. ¿Qué otra cosa podría hacer yo que tirar la toalla y abandonar la posibilidad de entender sus palabras emitidas con el tono sagrado que espera un amén colectivo?



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