Gobierno no sabe qué hacer con la regasificadora

Cayó el acuerdo con Shell y no hay chances de lograr apoyo de Argentina, por lo que el gobierno se encuentra en un proceso de soledad y de desorientación: no sabe qué hacer con los restos de la regasificadora, un mega proyecto mal diseñado y mal administrado. Eso sí, Gas Sayago, la empresa fantasma que se creó para encargarse del asunto, aún no fue cerrada y sigue gastando una millonada en sueldos.

El gobierno de Tabaré Vázquez en realidad no es responsable de la situación. Quizás pueda imputársele que no ha tenido la suficiente capacidad de resolución como para terminar con la ilusión y cerrar Gas Sayago, pero esta Administración heredó un proceso en marcha, con contratos y obligaciones vigentes, del gobierno de Mujica. Un capítulo de la herencia maldita que, aunque así no la mencione el oficialismo ni quiera reconocerla, sigue complicando e hipotecando al país.

El 31 de marzo venció el plazo que tenía la empresa Shell para hacer una oferta sobre un proyecto nuevo y ahora el país tiene que tomar una opción estratégica, ya que no puede llevar adelante la iniciativa por cuenta propia por razones de escala. O se asocia con otro país, lo que es muy difícil –Argentina, que era inicialmente el socio ideal, ya ha informado que no tiene interés– o busca una multinacional, la que es difícil que aparezca una vez que Shell, que tenía un contrato inicial, se abre del asunto.

Ante esa perspectiva, la ministra Cosse concurrió al parlamento pero sus explicaciones no conformaron a la oposición, ya que el gobierno no pudo presentar un proyecto concreto ni informar sobre una negociación firme. La ingeniera Cosse dijo que “quizás” se podría pensar en construir varias regasificadoras chicas en vez de una grande pero no dio pistas sobre posibles interesados a nivel internacional para financiar esos proyectos.

Mientras tanto, existen dudas sobre el tema de fondo, que es el suministro de gas. El semanario Brecha incluyó un párrafo inquietante en una nota sobre el tema: “Una vez más parece avecinarse el cierre de Gas Sayago aunque el gobierno lo niega y discute herméticamente las alternativas. En este contexto no sólo tambalean las fuentes de trabajo de la propia empresa, sino también las 250 que se encargan de la distribución de gas, ya que el año pasado Petrobras, responsable de que el servicio llegue a más de 40 mil usuarios, anunció que sin la regasificadora el negocio no le convenía y deberían cerrar”.

A todo esto, el Estado lleva perdidos U$S 100 millones, según ha estimado el diputado Pablo Adbala, promotor de la comisión investigadora parlamentaria. Pero no se asuste todavía, estimado lector: ¡la sangría sigue! Hasta que Gas Sayago cierre, los gerentes de ese engendro seguirán ganando sueldos de miles de dólares por mes, encargados de administrar una empresa fantasma y dar testimonio personal del enorme despilfarro al que Uruguay –nuestros bolsillos– se vio sometido durante el gobierno del señor Mujica.



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