Fue despedido como un héroe pese a la frialdad oficial

La sociedad y la Policía consideran al agente vilmente asesinado en la pizzería como un héroe, pero no así el gobierno, que no le concedió honores oficiales y lo destrató a través de expresiones insensibles e inoportunas de altas jerarquías del Ministerio del Interior.

No es la primera vez que el subsecretario del Ministerio del Interior, señor Jorge Vázquez, hermano del Presidente de la República, hace declaraciones infelices, que muestran una personalidad fría, hasta despiadada. Hace un tiempo había afirmado que las personas del común “si no están vinculados a la delincuencia, al narcotráfico y carecen de problemas familiares importantes, tengan la seguridad de que nadie los va a matar”. Como hubo casi de inmediato una cadena de asesinatos de personas inocentes, el jerarca tuvo que rectificarse pero las palabras ya no tenían retorno, exhibiendo una indignante ignorancia de la realidad, que indica que en cualquier asalto pueden ser asesinados trabajadores, comerciantes, taxistas o vecinos que no tienen ningún vínculo con la delincuencia o el narcotráfico.

Ahora, olvidándose de aquel penoso antecedente, el subsecretario Vázquez volvió a volcar opiniones que atentan contra el sentido común y que fueron recibidas en ámbitos policiales como una afrenta a la profesión. El subsecretario se refirió apenas someramente —casi como cumpliendo una formalidad— al lamentable asesinato del policía Wilson Coronel, pero dedicó varios minutos a explicar que el funcionario estaba trabajando en la pizzería en forma antirreglamentaria y que, por su parte, el dueño del comercio lo estaría contratando “en negro”. “Vamos a investigar”, sentenció Vázquez refiriéndose a esa situación laboral y no al terrible asesinato, invirtiendo el orden de prioridades.

Otro tanto puede decirse del Jefe de Policía de Montevideo, Ricardo Pérez, quien también puso énfasis en la actuación del empresario más que en la búsqueda del asesino.

En anteriores oportunidades, el Ministro Eduardo Bonomi impuso el pretexto de culpar a las víctimas de los asaltos en vez de asumir su propia responsabilidad. Un caso elocuente en tal sentido se verificó cuando el Ministro culpó a la Senadora Verónica Alonso, cuyo domicilio había sido asaltado, de haber dejado una ventana abierta, extremo que luego no se confirmó. Ante el desatino de Bonomi —en forma y contenido— el Ministerio de Interior emitió un comunicado en el que, si bien no se pidieron disculpas por la grosería del Ministro, se rectificó la información.

Quiere decir que la política oficial del Ministerio es culpar a las víctimas, en vez de prevenir los asaltos y los asesinatos en las calles o de hacerse solidario con los familiares de las personas fallecidas. No hubo un gesto de condolencia de parte del Ministerio a los familiares del funcionario caído, 44 años, padre de familia, policía vocacional, quien murió trabajando horas extras para sostener su hogar. El Ministerio no reconoció inicialmente que el asesinato de Wilson Coronel se produjo en un acto de servicio y por lo tanto su familia no tendría derecho a compensaciones especiales. La bandera nacional que acompañó su féretro fue comprada por sus compañeros. Pero, con la carga que finalmente muestran los culpables, el Ministerio se dio cuenta del repudio policial que sus iniciales actitudes habían provocado y trató, a última hora, de enmendar sus errores prometiendo una pensión a la familia del policía asesinado.

Así, el enorme distanciamiento que hay entre la Policía y el Ministerio quedó reflejado en el sepelio, en el que Wilson Coronel fue despedido como un héroe por sus camaradas ante la ausencia oficial. Es como si los viejos sentimientos de enfrentamiento y odio a la Policía que los señores Bonomi y Vázquez anidaron en el pasado —que llevaron a ambos a usar las armas contra los agentes del orden— prevalecieran por encima de las obligaciones que tienen ahora como jerarcas del Ministerio de Interior. Y como si esos viejos y repudiables sentimientos les impidieran demostrar, siquiera, la condolencia, el respeto y el silencio que las personas normales mantenemos frente a la muerte.



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