Facultad de Ciencias Sociales ¿educación o refugio?

Por Jorge Ciasullo

La insólita situación que, desde hace meses, está ocurriendo en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, debe ser solucionada a la mayor brevedad. Su dilación debida a posiciones divergentes en el Consejo de la misma, no admite prorrogar una situación absolutamente irregular, que afecta el normal desarrollo de sus cometidos

Desde el pasado mes de mayo la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, vive o sufre una situación absolutamente insólita. El 4 del mencionado mes, los funcionarios elevaron al Consejo de la Facultad un informe en el cual establecían que el normal funcionamiento de la misma, se estaba viendo afectado por la asistencia diaria, de entre 80 y 100 personas, ajenas al centro de estudios, que hacían uso de sus instalaciones. En particular se veía afectada de la sala de informática, donde el 85% de los usuarios no era ni estudiantes ni funcionarios de la Facultad.

Se comprobó, mediante una encuesta realizada a los usuarios de la sala de informática, que la mayoría eran personas en situación de calle, algunos, los menos, según declararon, vivían en pensiones y otros en refugios.

Esas personas protagonizaron diversos incidentes, como acoso a profesoras y estudiantes, robos y peleas entre ellos (por un partido de ping pon).

El Centro de Estudiantes, ante la mencionada denuncia, se pronunció en el sentido que no se tomara ninguna medida por el momento y que las que se tomen, sean de carácter inclusivo ya que “se trata de un segmento de la sociedad históricamente excluido”.

Por su parte el Rector de la Udelar, declaró: “Los locales universitarios son locales de estudio y las computadoras están para que las utilicen los docentes o los estudiantes”.

A su vez, el decano de la Facultad Diego Piñeiro, sostuvo en diversas entrevistas que “es necesario hacer lo mismo que se enseña”. Por tanto, propuso, aprovechar la presencia de personas en situaciones de calle para “el estudio académico y la intervención práctica”

“Son personas, merecen una respuesta por parte de la sociedad. Todos somos responsables de lo que está pasando y queremos aportar una solución", dijo el Decano, quien reconoció que la situación se vio agravada en los últimos dos meses y medio (El país 21 de junio).

Finalmente, en el mes de agosto se creó un grupo de trabajo sobre “población externa”, en el que participo el Decano Piñeiro, que elaboró un proyecto de 12 puntos, que planteaba la reapertura de la sala de informática. Proyecto que sería aprobado por mayoría, por los votos de estudiantes y egresados. Coincidiendo su aprobación y aplicación con la licencia el Decano, correspondía asumir el decanato al consejero Caetano, quien anunció que no asumiría porque no estaban dadas las condiciones, a la que se sumaron otros docentes grado 5.

Ante esta situación no se sometió a votación la propuesta (que contaba con mayoría) nombrando una comisión con representación de los tres órdenes para buscar una propuesta alternativa a definir en octubre. Mientras tanto la sala de informática permanecerá cerrada.

Creemos que, como nosotros, al ciudadano común le costará comprender esta situación.

Se puede tratar de asimilar la posición “romántica” del Centro de Estudiantes, a cuyos integrantes, tal vez, se les podría hacer ver que la facultad tiene un objetivo único y excluyente, educar. Para esos efectos, la ciudadanía, que paga los impuestos, le otorga fondos que deben ser administrados, bien administrados, por todas las autoridades de la educación, en particular, en este caso, por el Rector de la Udelar y por el Decano de la Facultad. Esos fondos, se destinan, aunque sea en mínima parte a la sala de informática, para uso exclusivo de estudiantes y profesores. No deben olvidar los integrantes del Centro de Estudiantes, que muchos de sus compañeros, no disponen de medios y hasta del tiempo que les significaría trasladarse a sus casas o a otro lugar a investigar o preparar sus trabajos, para ellos, la sala de informática es indispensable. Bajo esa aureola “romántica” como afirmamos, se puede entender la posición de los estudiantes, pero la del Decano Piñeiro sólo se comprende bajo la óptica de no chocar con el Centro Estudiantil.

Olvida tal vez el Decano Piñeiro, que esa desviación de recursos, que es el entender como Facultad de puertas abiertas, el permitir el uso y abuso de sus instalaciones –salas, biblioteca, baños, porqué no aulas– son de uso público irrestricto, puede significar malversación de fondos públicos.

Por otra parte, también mediante impuestos, se otorgan fondos a centros especializados para atender la población vulnerable, en situación de calle etc.

En una palabra, otorgar refugio no es y no puede ser el objetivo de la Facultad, todo lo que se haga o se innove está en contra de esos objetivos y no debe ser tolerado.

Como ejemplo burdo es lo mismo que si por un problema en la cosecha de arroz, los cultivadores ocuparan la Facultad de Agronomía exigiendo soluciones.

Seguramente esa actitud sería calificada de fuera de lugar y ridícula. Entonces ésta: ¿Cómo la catalogamos?



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