¿Estado de felicidad?

Por Jorge Bentos

El concepto de felicidad es algo muy difícil de alcanzar ya que el entorno no es el deseable puesto que la inseguridad ha tomado Punta del Este.

El gobierno nacional frenteamplista, así como el gobierno departamental blanco, no logran satisfacer a los ciudadanos y turistas en un entorno de clara inseguridad real.

Las motos sin matricular, los indigentes de mal encare, los delincuentes, no cesan de atacar a la poca industria que tiene el departamento de Maldonado que es el turismo. Rompen los autos, los vandalizan, roban si tiene un mísero pollo asado en el asiento trasero, si se circula en moto los delincuentes armados con chalecos anti balas detienen a los que tienen en legal forma a los birrodados para robarles, los turistas son rapiñados desde las motos ilegales sin matriculas que cada vez son más.

La Intendencia no actúa pese a que estas motos son captadas por las valiosas cámaras de seguridad y desaparecen por las calles transversales sin poder ser detenidas. No existen más los piquetes de retención de estos vehículos utilizados para delinquir ya que los depósitos municipales y policiales están llenos de las mismas y circulan hoy libremente a la vista de todos en la península. Nada se hace.

Pero como elemento de distracción se monta el espectáculo de “Velas 2018”, quedando hermosos navíos de origen extranjera en nuestra bahía, pero quienes van a verlos están con una alerta de robo inminente. Y si esta afirmación que hace el autor de esta nota no se considera válida, que me desmientan: es la pura verdad. No se puede circular en horas de la madrugada en las ciudades del departamento ni siquiera en la capital departamental, por la gran inseguridad reinante.

Muy bonitos los barcos, incluyendo el maltrecho “Capitán Miranda”, que por fortuna y gracias a que mantiene la flotabilidad se ha hecho presente en la bahía de Maldonado. Vemos los restos de nuestra muy mal atendida marina de guerra, pero nuestro cementerio de barcos aun flota, eso sí casi sin tripulación. De ahí a que cumplan con su destino real hay un abismo, abismo como el que divide a nuestra sociedad, entre pensantes y no pensantes.

¿Entonces qué hacemos? ¿Miramos los lindos barcos que nos visitan o miramos cómo estamos en la interna de nuestra sociedad? ¿Hablamos de “felicidad” ante los casi perfectos barcos extranjeros? ¿Están felices acaso los integrantes de una familia que se deben turnar para mirar la bahía mientras otro integrante mira el entorno para “no regalarse”?

La situación es bien complicada, y cada vez es más oscura. No debemos bajo ningún concepto aceptarlo como un hecho imposible de cambiar y se torna aceptable con tal de que no nos maten.

Por favor, digamos a nuestros cerebros y conciencia que no se pueden aceptar los hechos descriptos como consecuencia de este sistema de izquierda malvada que ha sometido a nuestra sociedad. Rebelarse, entonces, y actuar en consecuencia.



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