El papa llega a una Colombia que aún no cierra las heridas

El Papa Francisco procurará dar un mensaje de unidad ante una iglesia y un país divididos, interpreta El New York Times en un informe internacional que acá reiteramos.

Para Helena González sigue fresca la memoria de la mina que destrozó la pierna de su sobrino hace años.

González tiene 25 años y ha pasado buena parte de su vida con miedo a los ataques por parte de las guerrillas en el país. El año pasado, cuando el acuerdo de paz entre las Farc y el gobierno colombiano se sometió a plebiscito después de cinco décadas de conflicto, ella fue una de las personas que votó en contra.

“Puede que el papa los perdone”, dijo González a la salida de una iglesia en Bogotá. “Pero en mi corazón yo no los perdono y todavía me estoy reconciliando con todo esto”.

El papa Francisco inicia este miércoles una visita de seis días a Colombia, y el reto principal para el líder de la iglesia Católica es claro: reafirmar el camino hacia la paz en el país, pese a que esa misma paz sigue siendo controversial para muchas de las víctimas del conflicto.

“Es un terreno peligroso para el papa Francisco”, dijo Hosffman Ospino, teólogo colombiano del Boston College. “La mitad del país no está de acuerdo con el proceso de paz”.

A primera vista, todo parece ir bien con el acuerdo entre el gobierno y las otrora Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, que cambiaron su nombre recientemente a Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común. Aunque el pacto fue rechazado en el plebiscito, se trabajó un nuevo acuerdo aprobado por el congreso y unos 7000 rebeldes dejaron la selva, entregaron las armas y están en el proceso de incorporarse a la vida civil.

Pero para miles de colombianos como González, las heridas del conflicto siguen vivas. Alrededor de 220.000 personas murieron a causa de los enfrentamientos entre guerrilleros, paramilitares y fuerzas armadas y unas seis millones fueron desplazadas.

“Uno de los retos es entender que la dinámica acá es la polarización que dejó atrás el conflicto”, dijo Ospino.

La visita de Francisco a Colombia es la primera que hace un pontífice al país desde 1986, cuando la nación recibió a Juan Pablo II mientras seguía en medio del conflicto y muchas zonas eran inalcanzables o demasiado peligrosas como para que el papa las visitara.

En esta ocasión el papa Francisco tendrá mayor libertad para trasladarse: celebrará misa en Bogotá el jueves, el día siguiente beatificará a clérigos víctimas del conflicto en Villavicencio y el sábado y el domingo visitará Medellín y Cartagena.

“‘Demos el primer paso’ es el lema de este viaje”, dijo Francisco en un videomensaje publicado el lunes. “La paz es lo que Colombia busca desde hace mucho tiempo y trabaja para conseguirla”.

Para el pontífice, este viaje es parte de una victoria diplomática vaticana que en otros ámbitos se ha visto frustrada. El papa desempeñó un papel importante en el inicio de las negociaciones entre Estados Unidos y Cuba que llevaron en 2014 al deshielo de las relaciones, que ahora ha sido revertido por políticas del gobierno de Trump.

El Vaticano también ha intentado mediar en Venezuela, donde los enfrentamientos entre el gobierno de Nicolás Maduro y los manifestantes han provocado 120 muertes durante los últimos meses. La iglesia intentó ser mediadora entre políticos de la oposición y oficialistas, pero Maduro ha más bien reafirmado su poder de un modo que varios en la región califican de dictatorial.

Francisco “no hace milagros”, dijo Thomas Reese, sacerdote jesuita en Washington y analista del National Catholic Reporter. “Debe haber cierta disposición por parte de los políticos para alejarse del precipicio”. Durante algún tiempo pareció que el acuerdo de paz en Colombia también estaba destinado al fracaso.

Después de cuatro años de negociaciones, el pacto fue rechazado en el plebiscito convocado por el presidente Juan Manuel Santos y se reavivaron los sentimientos de que los guerrilleros habían logrado concesiones muy fácilmente.

Entre las voces más críticas del acuerdo estaban integrantes de iglesias evangélicas que se sumaron a los aliados del expresidente y actual senador Álvaro Uribe en contra del pacto.

Cuando el acuerdo fue rechazado, los diplomáticos vaticanos le pidieron a los colombianos que rescataran el acuerdo y Francisco urgió a Santos y a Uribe a dejar atrás sus diferencias. Uribe criticó esta semana la visita del papa en una carta pública dirigida al pontífice: “Nunca nos hemos opuesto a la paz, sin embargo, la impunidad total a los responsables de delitos atroces, su elegibilidad política, la autorización legal que han recibido para gastar dineros ilícitos en sus actividades políticas, y otros puntos, se constituyen en estímulos.

Sin embargo, el impulso a la paz ha conseguido algo de ímpetu de cara a la visita papal. El lunes el Ejército de Liberación Nacional, el segundo mayor grupo guerrillero del país y que también negocia un pacto con el gobierno, acordó un cese al fuego bilateral.

Y el 1 de septiembre pasado las Farc anunciaron su conversión en un partido político con nuevo nombre y logo.

Aunque para muchos colombianos, el hecho de que hayan elegido un nombre cuya sigla también es Farc muestra que no se arrepienten.

“Para mí, las Farc no son honestas y los votos que consigan serán por medio de la coerción”, dijo Alfonso Téllez, de 52 años, un católico que huyó de Calí a Bogotá después de que su abuelo fuera asesinado por hombres armados.

También falta que se apliquen varias previsiones del acuerdo de paz. El analista Adam Isaacson, de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos, dijo que aunque los rebeldes han cumplido con el desarme y el ingreso a la política, el gobierno sigue estando lejos de cumplir con promesas como el establecimiento de programas sociales para exguerrilleros o mejorar el acceso a agua potable y otros servicios en las zonas de las que se retiraron los rebeldes.

Isaacson agregó que otros programas, como el de sustitución de cultivos, siguen en los primeros pasos, y que la justicia transicional para crear tribunales especiales podría demorarse hasta mayo.

“Sencillamente están avanzando demasiado lento en demasiados frentes cuando la velocidad es clave”, dijo. “Veo muchas nubes grises en el horizonte”.

Pese a tales retos, varios colombianos dijeron que aprovecharán la visita del papa para reflexionar sobre la paz e intentar empezar a superar el conflicto.

Virginia Casas, una colombiana de 40 años cuyo primo y sobrino fueron secuestrados durante el conflicto, es una de esas personas. Una tarde hace poco visitó la catedral de Bogotá después de haberle rezado a la Virgen de Chiquinquirá, la patrona de Colombia, cuya imagen fue llevada a la capital colombiana para la visita papal.

“Las Farc regresaron a la vida civil”, dijo desde la entrada a la iglesia, “y los he perdonado. Claro que sí”.



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