Por Jorge Ciasullo
"En esta época de globalización, aggiornate o quedás afuera... ¿De qué carajo? Ni idea... Desde que a las insignias las llaman "pins", a las comidas frías "lunchs" y a los repartos de cine "castings", Argentina no es la misma. Ahora es mucho más moderna; los chicos leían revistas en vez de "cómics", los jóvenes hacían asaltos en vez de "partys", los estudiantes pegaban "posters" creyendo que eran carteles, los empresarios hacían negocios en vez de "business" y los obreros, tan ordinarios ellos, a mediodía sacaban la fiambrera en lugar del "tupper". Yo, en la primaria, hice "aerobics" muchas veces, pero en mi ignorancia, creía que hacía gimnasia. Afortunadamente, todo esto hoy cambió; Argentina es un país moderno..." (El idioma, por Fontanarrosa).
"Quiero agradecer especialmente la presencia de varios integrantes e integrantas (sic) de los equipos de la intendencia que han trabajado en lo que estamos anunciando hoy", dijo la intendenta de Montevideo, Carolina Cosse, al iniciar la conferencia de prensa de presentación del nuevo sistema de recarga online de la tarjeta STM, que se usa para viajar en ómnibus." (El País, 22/08/22)
No todo vale en el llamado "marketing" político, las declaraciones de la ingeniera (o mejor: "ingenieri" u "ingeniere", según sus expresiones) de la intendenta de Montevideo, nos alarman y también decepcionan.
La ingeniera Carolina Cosse, por su función y su permanente exposición en los medios, lo que es comprensible en quien se percibe, y lo es, con altas posibilidades de ser candidata a la Presidencia de la República por el Frente Amplio, deberían ser cuidadoso en el uso de nuestro tan rico idioma. Su deformación, mediante el llamado "lenguaje inclusivo", es -en nuestra opinión- una especie desprecio al mismo.
Es también una forma de comunicación que pretende y tal vez lo logre, tener imitadores (también imitadoras), lo que, vistos los resultados en las pruebas Pisa en nuestra educación particularmente en "comprensión lectora" y el mal uso de reglas ortográficas básicas tanto en la escritura como en el hablante, alarman y apenan.
La ingeniera debería imaginarse que, tal vez un día, deba, si sus ambiciones políticas tienen éxito, dar una conferencia en la Asamblea de las Naciones Unidas en representación de nuestro país, ¿iniciaría su discurso: "representantas y representantes"? No la vemos haciendo tal ridículo papelón.
El mal uso y al mismo tiempo agresivo hacia nuestro idioma de este llamado lenguaje, no debería, bajo ningún punto de vista, ser adoptado por quien político sí, pero comunicador también, porque en nada contribuye sino por el contrario destruye.
Nos atrevemos a dar un consejo a la ingeniera, de un vistazo a su título, obtenido en buena ley: Ingeniera.