Don Frutos, la Independencia y la ética de la responsabilidad

Mañana se cumple un nuevo aniversario (197o.) de la hazaña militar conducida por el General Rivera en la Batalla del Rincón, el 24 de septiembre de 1825.

Luego de la derrota de Artigas, tras la invasión Luso-brasileña, la Banda Oriental fue anexada al Reino Unido de Portugal. Cuando Artigas se fue, Don Fructuoso Rivera se quedó sólo luchando. Con astucia, pactó con el invasor para que le permitiera mantener un Ejército Oriental armado y respetara a los poseedores de tierras. La preservación de esa milicia oriental fue clave en la Cruzada de los Treinta y Tres Orientales, del 19 de abril, comandada por el General Juan Antonio Lavalleja.

Luego de la Declaratoria de la Independencia del 25 de agosto, los revolucionarios chocaron varias veces con los ejércitos del Imperio del Brasil. En la Batalla del Rincón, el 24 de setiembre, Rivera derrota a los brasileros, comandados por Mena Barreto, y el 12 de octubre Lavalleja comanda en Sarandí una victoria trascendente, que no hizo más que demostrar la capacidad de los orientales para defender su Independencia.

Según relatan los viejos textos de historia, las fuerzas militares de Mena Barreto, que operaban sobre la costa del río Uruguay, tenían una gran caballada. Los animales estaban encerrados en un cuadrilátero, casi enteramente rodeado por ríos, en un sitio llamado "Rincón de las Gallinas".

En un golpe de picardía, en horas de la noche, Rivera y sus hombres robaron nada menos que 8.000 caballos de las tropas imperiales. Rápidamente, llegaron desde Paysandú 700 soldados brasileños. Rivera decidió darles batalla.

Las fuerzas brasileñas perdieron alrededor de 140 hombres, incluido el propio Mena Barreto, y 300 fueron puestos prisioneros, además los orientales incautaron múltiples elementos de guerra tales como carabinas, sables, pistolas, cartuchos y gran cantidad de vestuario. La enorme caballada y el material bélico capturado fue fundamental para la gran victoria de Sarandí.

Analizando estos sucesos, el historiador de extracción blanca, Lincoln Maiztegui, dice: "Quedaba Fructuoso Rivera, pero el 2 de marzo de 1820 firmó un acuerdo con Lecor y se pasó al enemigo. Tenía la convicción de que Artigas había conducido muy mal la guerra, que estaba decidido a morir con las botas puestas, y él, pragmático como siempre, sabía que una derrota obliga a pactar si se quiere seguir luchando. Solo cinco años más tarde derrotaría a los ocupantes brasileños, luego de 1825, en Rincón y en Sarandí".

A lo que Maiztegui llama "pragmatismo", dice el ex Presidente Sanguinetti en su último libro, "es su ética, la de la responsabilidad, la que reconoce las imposiciones de los hechos y asume sus consecuencias para mejor servir a sus principios".

Hoy, como en esos lejanos momentos fundacionales, a los colorados nos guía el mismo sentimiento de responsabilidad.




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