Descubriendo el agua tibia

El sindicato de UTE anunció con bombos y platillos que propondría una rebaja en el precio de la energía, para lo cual hacía un año que estaba trabajando con técnicos del Instituto Costa Duarte. Lamentablemente, la montaña parió un ratón.

La noticia generó una perspectiva esperanzadora. Muchos pensaron que se propondría un sistema destinado a la mejora de la productividad, que esos estudios largamente producidos indicarían sectores de la empresa con principios de racionalización. Y algunos hasta imaginaron, ya en el colmo del optimismo, que se postulaban, a mediano término, reducciones de personal en algunas etapas de la producción.

Finalmente se dio a luz el resultado de los sesudos estudios y si bien no se entró en detalles, quedó clara la idea básica: como la energía es indispensable para la vida, hay que quitarle el IVA.

Para tamañaa conclusiones, no hacía falta estudio alguno: todos estamos de acuerdo en rebajar el IVA y ya que estamos ¿por qué pagar un 14% el pan blanco, el arroz o las pastas? Habría que ya llevarlos a 0%, como la leche. Si el argumento es lo “indispensable para la vida”, empecemos por el agua y sigamos adelante.

Nos imaginamos la alegría que le habrá producido al Ministro Astori la noticia, cuando tiene por delante una rendición de cuentas a la que todos los días algún ocurrente le va agregando  costos.

Lo importante es que aun el sindicato reconozca que la energía en Uruguay es cara, carísima, y que ello nos genera una competencia desigual, incluso con países vecinos, que pagan mucho menos. Todo sector intensivo de energía tiene enormes dificultades para sobrevivir. Últimamente se ha emparejado en algo la situación con Brasil, pero Argentina —incluso después de los mentados “tarifazos”— y Paraguay mantienen la tradicional ventaja competitiva.

También es importante que se reconozca que la bienvenida energía eólica, que se instrumentó con contratos a 20 años en que UTE, al comprometerse a comprar aun cuando no precisa la energía, está perdiendo dinero. O sea que muy buena idea, pero muy discutible su ejecución.

En todo caso, la propuesta sindical demuestra, una vez más, que en nuestro mundo gremial la palabra “productividad” no está en el diccionario. Y que en vez de afianzarse el prestigio de la empresa pública, se hace lo contrario. Porque bajando el IVA —cosa deseable con generalidad— es muy fácil hablar de bajar precios. No había que pensar mucho. Es como descubrir el agua tibia, tal cual reza el viejo dicho. El desafío es bajar costos de verdad.



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