De la desinformación a la frivolidad

Con ese título, La Nación de Buenos Aires publicó el pasado 21 de diciembre una nota del Dr. Julio María Sanguinetti sobre las campañas contra la droga y contra el tabaco, que es oportuno reiterar

Bien se sabe que las modas son muy difíciles de contrarrestar. Es el caso: recorre el mundo una ola de simpatía hacia la legalización de la marihuana, que es “cool”, “transgresora”, progresista”, frente al ominoso tabaco, reminiscencia retrógrada de un mundo conservador… Entre la desinformación y la frivolidad, transita un tema que va creciendo en trascendencia.

El hecho es que, en estos días, mientras Canadá se estrenaba como segundo país en legalizar la producción y consumo de la marihuana, el pionero, Uruguay, comenzaba a replegar el velamen del entusiasmo despertado por ese liderazgo en la novedad.

Ya por el mes de agosto de este año, el Presidente uruguayo Dr. Vázquez, preocupado por la situación, reunió a los integrantes de la Junta Nacional de Drogas y la Academia Nacional de Medicina, para poner al día la situación de los consumos de drogas. Se había advertido una fuerte baja en la percepción del riesgo de drogas en general y un desconocimiento generalizado en los del cannabis, especialmente entre los jóvenes. Al mismo tiempo, la legalización, concebida en su momento como una medida para arrebatarle parte del mercado al narcotráfico y mejorar el clima de inseguridad, estaba produciendo el efecto contrario: un vertical aumento del número de homicidios por los choques entre bandas que se disputaban los territorios de un mercado ahora ampliado.

En el correr de este 2018, en los primeros nueve meses, aumentaron un 53% los homicidios. Según el propio Ministerio del Interior, la mayor parte de ese aumento son “ajustes de cuentas” entre narcotraficantes. Aun en pequeñas ciudades se ha dado ese fenómeno inédito de tiroteos y asesinatos.

Quedó así el desnudo la improvisación del proceso en Uruguay que, comenzado en 2013, bajo el gobierno del Presidente Mujica, recién se puso en marcha tres años después, en la administración del Dr. Vázquez, claramente opuesto a la legalización, aunque obligado a su resignada aplicación. Lo peor es que —según encuestas oficiales— 6 de cada 10 estudiantes piensan que el consumo de marihuana carece de riesgos y solo 1 de cada 10 reconoce en ella un “gran riesgo”. En el cigarrillo, en cambio, ocurre lo contrario y por eso el consumo viene cayendo, mientras que el de marihuana —siempre entre estudiantes— pasó del 8,4% en 2003 al 19,8% en el 2016, con una tendencia ascendente.

El Instituto de Regulación y Contralor del Cannabbis (IRCCA) celebra que el número de quienes se registran oficialmente para el consumo sigue creciendo. Ya son 31 mil los usuarios autorizados a comprar en las 17 farmacias que venden el producto, sobre un total de unas mil que mayoritariamente se han resistido a sumarse. Los cultivadores son ya casi 7 mil y los 109 clubes llegan a unas 2.700 personas. Se considera un gran éxito que esta gente consuma un producto razonablemente controlado por el gobierno, como si pudiera celebrarse que a las adicciones históricas al alcohol y al tabaco ahora le agregamos el crecimiento de una nueva, con el cómplice entusiasmo del Estado.

Tampoco puede ignorarse que el consumo de marihuana muy fácilmente se traslada a otras drogas, como ha sido reiteradamente comprobado. Una vez traspasado el umbral de la búsqueda de estímulos artificiales, profundizar esa carrera se va haciendo progresivamente impuesto por la adicción.

La Academia de Medicina de Uruguay le ha informado al Presidente que, inequívocamente, la marihuana afecta la memoria, la atención, la toma de decisiones y, en definitiva, produce un “gran daño cerebral”: “Los estudios del metabolismo cerebral muestran alteraciones importantes que significa un daño neuronal”. Parecidas conclusiones han publicitado otras academias como la Academie National de Francia, que —como dice Le Figaro— “no cesa de poner en guardia a los poderes públicos contra la tentación de la despenalización y sus riesgos”. La preocupación ha llevado al gobierno uruguayo a lanzar una campaña publicitaria de advertenecia sobre los riesgos del consumo de marihuana.

Con este panorama, se advierte que la experiencia uruguaya hasta el momento ha fracasado en cuanto a seguridad ciudadana, ha contribuido a aumentar el consumo y, desde ya, a bajar la percepción de los riesgos. Quienquiera esté pensando en seguir el camino de bajar los brazos y abrir el camino a la liberalización, bueno es que mire con detenimiento nuestro caso. Después de todo, la experiencia es la madre de la ciencia.



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