Competitividad y eufemismos dilatorios

Por Tomás Laguna

La movida de los primeros días del año, la amplia adhesión lograda a lo largo y ancho del país a la Asamblea de Durazno del 23 de enero, y finalmente la constitución del movimiento “Un solo Uruguay” lograron su definitiva respuesta desde el Gobierno, la convocatoria a una “Mesa de Trabajo”.

El término utilizado, “Mesa de Trabajo”, no es más que un eufemismo para lo que en términos corrientes suele llamarse una “Comisión”. Entre los varios significados que le da la Real Academia corresponde aquel que dice “Conjunto de personas encargadas por una corporación o autoridad para entender en algún asunto”. Solo que el término está en si desgastado por la ineficacia y frustración que estas instancias tienen en la necesaria búsqueda de una solución a un determinado problema. En buen criollo, crear comisiones ante una circunstancia difícil de resolver es el mejor ejemplo de inoperancia.

En el caso que nos ocupa, el eufemismo (“Mesa de Trabajo”) cumple con su función. Expresa en términos 'políticamente correctos' algo socialmente aceptado, que está bien visto por la ciudadanía: ante un conflicto crear una mesa de diálogo. Pero si la tal Mesa de Trabajo la llamamos por lo que es, una “comisión” (conjunto de personas encargadas de entender en un asunto específico) entonces la credibilidad del instrumento se pierde totalmente.

Hay antecedentes no muy lejanos en esta estrategia de patear la pelota a la tribuna cuando no hay capacidad de respuesta en la cancha. Cuando aún se disfrutaban las mieles del agro negocio de exportación, otoño del 2012, las gremiales del transporte de carga solicitaron al MTOP que no otorgara nuevos permisos de fletes. Justificándose en los altos costos pretendían lisa y llanamente regular el mercado evitando la reducción en las tarifas como consecuencia de una mayor oferta de medios de transporte. ¿Qué hizo el gobierno? Se integró la Mesa Sectorial del Transporte con transportistas, gremiales rurales, importadores de camiones y técnicos del MGAP, MEF, y MTOP. En abril de aquel año los Ministros de Transporte y Obras Públicas y de Economía instituyeron con grandilocuencia la tal “Mesa” con el cometido de que en 6 sesiones se lograra “identificar los problemas y sugerir soluciones para el sector, articular las políticas del transporte y tomar medidas necesarias para el mejor desarrollo del mismo” (sic). La agenda incluía la renovación de flota, la eficiencia energética y finalmente transporte y logística de la producción. Se realizaron las 6 reuniones y también otras en grupos reducidos. El resultado de aquella mesa, sus decisiones, sus consecuencias aún las estamos esperando. El mismo problema persiste hoy, agravado porque la carga transportada vale mucho menos que hace 6 años y los problemas del costo del transporte se incrementaron en lugar de solucionarse (recordar el virulento conflicto con los transportistas hace un año atrás al momento de iniciarse la cosecha de arroz).

Cuando aquellas sesiones de la Mesa Sectorial del Transporte decíamos desde estas páginas que hubiera sido más efectivo y concreto que el señor Ministro de Transporte junto a su par de Economía elaboraran un portafolio de políticas que hicieran competitivo el transporte de los productos del país, y recién entonces convocar a los sectores involucrados como medio de validación de las medidas sugeridas. Pero se invirtieron los roles y se pretendió que los actores de la economía sugirieran al gobierno lo que había que hacer.

La “Mesa de Trabajo” que se constituye este próximo lunes no es muy diferente a aquel frustrante ejercicio del año 2012. Con la diferencia de que lo que está en cuestión es extremadamente más complejo que la viabilidad del transporte carretero de carga. Se trata de la viabilidad de la producción nacional. El movimiento de auto – convocados, en una estratégica comunión con las gremiales rurales, llevará a esta comisión sus postulados, los que consideran innegociables. Hay reclamos puntuales (tarifas públicas) pero otros que afectan a la política económica de gobierno, caso de la exigencia de una ley de regulación fiscal o bien revertir el llamado atraso cambiario (causa y efecto de un mismo problema). Desde el otro lado de la Mesa el equipo económico, no exento de arrogancia, les rezará un rosario de argumentos por el cual no es posible atender ninguna de estas exigencias. Como contrapartida es muy seguro que el Poder Ejecutivo sugiera ir a la discusión de medidas puntuales por rubros y estamentos productivos, procurando de ese modo diluir la magnitud de los planteos con soluciones parciales, a la vez de intentar dividir al oponente según los intereses particulares de cada uno. Si, como lo han manifestado los líderes de #Un Solo Uruguay, no se aceptará otra discusión que no sean sus postulados globales, acá se terminaría la vida útil de la “Mesa de Trabajo”. Se reciben apuestas de cuantas sesiones durará…

La “Mesa de Trabajo” tiene otro vicio de forma en sí misma. Los actores de la economía, los ciudadanos, pueden reclamarle al gobierno por mejores condiciones para ser competitivos, pero no el cómo hacerlo. La responsabilidad de encontrar las soluciones, esto es de gobernar, es del Gobierno. Porque gobernar es un delicado arte dónde se prioriza el bien general sobre el particular, afectando intereses al hacerlo. El Gobierno sabe de sobra cuales son los problemas de la producción nacional (en todos sus rubros, no solo el agro), sabe también cuáles son los ajustes para solucionarlos, no necesita para ello de Mesas de Trabajo. Nada lograrán de estas salvo ruido político que luego la izquierda sabe de sobra como usar aviesamente para su eterna estrategia de confrontación social.

Tal cual las cosas, no pasará mucho tiempo antes que los tractores y cuanto implemento de trabajo haya estén de nuevo al costado de las rutas nacionales. Porque lo que está en juego es el modelo país, y para modificarlo faltan 2 años...



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