Brasil y algo más



En los últimos meses Brasil llevó a cabo una profunda transformación de su peripecia política, signada por escándalos de corrupción, con el advenimiento de un polémico Jair Bolsonaro a la primera magistratura con un notorio apoyo popular. ¿Pero qué hay de las instituciones que mueven a Brasil en el cumplimiento de sus objetivos nacionales e internacionales, especialmente la diplomacia?

La diplomacia brasileña antecede al propio Estado independiente. Ésta, en realidad, nació con la venida de la corte portuguesa a estas tierras, escapando de las invasiones napoleónicas y que, aun disuelta la monarquía, sigue teniendo ambiciones imperiales, con aspiraciones de “global player”.

Su historia ha sido un sin fin de actuaciones que la han convertido en un referente continental, aunque todavía sigue siendo una potencia de segundo orden a nivel global.

Uno de sus personajes emblemáticos fue el Barón de Río Branco (fines del siglo XIX y principios del XX), quien realizó importantes esfuerzos diplomáticos para ganarse el favor de Uruguay en su competencia con Argentina.

Posteriormente, podemos observar las políticas de Getulio Vargas (1920-30) con la corporativización del Estado. Aunque quizá sus medidas más importantes fueron poner en el tapete los conceptos de industrialización y participación en los organismos internacionales, luego de estratégicamente participar de la Segunda Guerra Mundial del lado de los Aliados, pese a sus ostensibles vínculos doctrinarios con el fascismo italiano.

De ahí en adelante (1920-45-60), Brasil moviliza toda su diplomacia en torno a la industrialización y, posteriormente, a un posicionamiento global. En particular, buscando una silla entre los miembros permanente del Consejo de Seguridad, objetivo que no se logró pese a aquella participación bélica junto a los Aliados.

En esta línea se encuentran las dos últimas apuestas, durante los gobiernos del PT, de encabezar los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) en lo global y el impulso de la UNASUR en lo regional. Medidas que tienen como fin último la proyección de Brasil (incluso el MERCOSUR es utilizado en esos términos) como potencia regional, procurando excluir a México de la competencia por ese lugar.

Nuestra República al costado del “río de los pájaros pintados”, que no puede trasladarse de barrio y que geopolítica y económicamente se encuentra subsumida en una realidad que la condiciona. No tiene más remedio que apostar a una interdependencia para equilibrar la influencia de Brasil, pero asimismo de Argentina. Ello supone una apuesta fuerte por la diplomacia, empleando inteligencia y pragmatismo en la forma de relacionarnos con otras unidades soberanas, pero también con empresas multinacionales y organismos internacionales.

Por eso cuando insistimos en la necesidad de concretar acuerdos comerciales preferenciales (TLC) no se está incurriendo en una actitud caprichosa. Antes bien, es en búsqueda de mejor acceso a mercados, permitiéndonos depender menos de un barrio sumamente inestable y aumentar la cuota de independencia en un mundo cada vez más competitivo, donde el acceso a los mercados en condiciones preferenciales resulta de vital importancia.