Bloqueo inexistente, embargo parcial

La narrativa castrista en torno al "bloqueo" que EEUU habría impuesto a Cuba ha sido tan exitosa, que no solo se han hecho eco de la misma los defensores del régimen totalitario sino que también quienes condenan a éste la repiten sin detenerse a pensar, contribuyendo así a reforzarla. Pues bien, se trata de eso: una narrativa, una de las más viejas posverdades. Cuba no está bloqueada ni lo estuvo.

Un bloqueo constituye una medida de guerra. Consiste en aislar a un país, impidiendo -usualmente por medios militares- que nada ni nadie entra o salga de ese país, bloqueando fronteras, puerto y aeropuertos.

Cuba nunca fue objeto de una medida de esa naturaleza, salvo breve y parcialmente en 1962, durante la llamada "crisis de los misiles", cuando EEUU llegó a bloquear la llegada de buques soviéticos ante el riesgo de que portaran ojivas nucleares a instalarse en las bases militares que la Unión Soviética estaba construyendo en la isla.

Aquello que la dictadura cubana denomina "bloqueo" no es sino un embargo comercial, que no es total. El mismo comenzó a practicarse por EEUU en octubre de 1960, durante la presidencia de Dwight Eisenhower, como represalia por la confiscación de bienes estadounidenses por valor de U$S 1.000 millones. Ese primer embargo supuso la prohibición de las exportaciones de Estados Unidos a Cuba, salvo medicinas y algunos alimentos.

En febrero de 1962, el gobierno de John F. Kennedy amplió el embargo, impidiendo la importación a EEUU de bienes producidos en Cuba.

En 1992 y 1996, el embargo fue endurecido. Luego, durante la administración Obama, fue relajado y se restablecieron las relaciones diplomáticas, pero Trump volvió a endurecerlo.

Más duro o más relajado, el embargo es, además de una violación a la libertad de comercio y, por consiguiente, una restricción a los derechos individuales, una tontería política. Lejos de debilitar al régimen, el embargo le ha permitido, por un lado, sostener un relato épico de David contra Goliat, victimizándose permanentemente en los foros mundiales con el cuento del "bloqueo". Por otro, en el plano interno, ha servido para aplicar una supresión total a toda muestra de disidencia, juzgando cualquier desvío como una "traición a la revolución". De paso, a sus defensores alrededor del mundo les ha permitido adoptar el relato de que el control total sobre la población es un mal necesario porque "el enemigo está a 90 millas".

La verdad verdadera es que Cuba ha comerciado con el resto del mundo. Primero en forma privilegiada con la Unión Soviética y el CAME (la organización de cooperación económica de la Unión Soviética y sus satélites de Europa Oriental) y, luego de la implosión del socialismo en esos países y la desaparición de la Unión Soviética, con una gran variedad de países, incluidos varios occidentales, como España o Canadá.

Incluso, aprovechando los resquicios que el embargo permite, Cuba ha importado alimentos y medicinas desde EEUU. Por ejemplo, todo el pollo que se come en la isla proviene del "enemigo a 90 millas".

Si los cubanos viven en la miseria -salvo la nomenklatura del Partido y de las FFAA- y sus hospitales se caen a pedazos y carecen de insumos sanitarios, no es por ningún bloqueo fantasioso sino porque Cuba no tiene divisas porque no tiene tampoco nada que vender, porque no produce nada relevante, ni siquiera para servir a su propia población.

Lo que tiene a los cubanos en la miseria no es el "criminal bloqueo" sino -mucho más simplemente- el socialismo. Y el enriquecimiento de su casta dirigente (que también es inherente al totalitarismo marxista).

Sería oportuno que tanto políticos de la coalición republicana como periodistas, dejaran de hacerse eco de esa falsedad del "bloqueo" -reproduciendo el relato de la dictadura cubana- y comenzaran a llamar a las cosas por su nombre real: embargo comercial.




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