Apuradas reflexiones sobre un posible TLC con China

Por Tomás Laguna

El reciente anuncio oficial de inicio de negociaciones con China para lograr un acuerdo de libre comercio ha generado gran alboroto mediático sin que el grueso de la gente alcance a comprender el real alcance del mismo. Expectativas de unos, incertidumbres de otros, lejos estamos de saber aún el resultado de la cuenta final.

Nuestra muy pequeña economía se apresta a negociar un acuerdo de libre comercio con una de las principales economías del planeta, tal vez la principal nación manufacturera del mundo. Conocida es su elevada competitividad en costos industriales, en parte por razones lógicas de dimensión, pero también y no menos importante por otras razones si consideramos las cuestionables condiciones bajo las cuales se trabaja. Pero estos son datos dados, no configuran una variable negociable. Está claro también que los intereses son distintos, para nosotros económicos/estratégicos, para la potencia asiática netamente geopolíticos.

En todas las referencias que se hacen en cuanto a la evaluación de oportunidad de este posible tratado se repite la expresión "habrá ganadores y perdedores", esto es sectores que se benefician y otros que directamente se perjudican, al punto de poder desaparecer. Es así, irremediablemente en cualquier posible acuerdo de libre comercio. Claro que también podría decirse que de no firmarse un acuerdo de estas características, si una vez más "se deja pasar el tren", también hay ganadores y perdedores, salvo que se invierten los grupos afectados. No hay decisiones inocuas en estos temas, siempre habrá alguien beneficiado y alguien perjudicado. El asunto parece resolverse al pasar raya entre beneficios y perjuicios, dónde la diferencia final debe dar positivo para el interés general, esto es para la economía de la República y por extensión para todos sus ciudadanos.

No es un proceso diferente al que nos enfrentamos cuando durante el primer gobierno del Dr. Tabaré Vázquez se planteó un posible acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos. Más allá de la estupidez ideológica que lo hizo fracasar en la interna política de la izquierda (con China seguramente no operará la paranoica estupidez "anti imperialista"), también ocurrió que por fuera de ese tipo de discusión operó una solapada reacción contraria de muchos sectores de la industria. En particular hicieron ver su discrepancia los laboratorios, pero la propia Cámara de Industrias como gremial de alcance nacional tampoco demostró por entonces mucho entusiasmo, más bien lo contrario. Pero está bien que así fuera, cada cual defiende sus intereses y su negocio. Esta discusión volverá a estar sobre el tapete, pero en forma mucho más dura en cuanto al futuro de la industria manufacturera.

La visión más torpe y necia esta en aquellos que evalúan estos acuerdos como forma de facilitar el consumo de determinados bienes a partir de una rebaja en sus precios al consumidor final. Esta visión es un tiro en los pies, pero lamentablemente suele ocurrir a partir de razonamientos simples y vulgares, acaso demasiado comunes...

Como sea, el agro negocio de exportación será el gran beneficiado en un acuerdo de libre comercio con China. No por sus altos aranceles, que por cierto no lo son. Sino por el volumen en valores absolutos que significan para nuestras exportaciones.

Veamos el caso de la carne, que junto con la soja son los principales productos de exportación a China. El ejemplo es válido desde que la carne tiene múltiples destinos no así la soja, con menos mercados. ¿Con quién es más razonable encarar la negociación de un acuerdo de libre comercio, con China que nos cobra un 12% de arancel o con Japón, mercado de buenos valores, que nos cobra un 38,5% de arancel? Entre el 1º de enero y el 4 de setiembre de 2021, según cifras de INAC, China nos ha comprado por valor de U$S 754:625.417, Japón lo hizo por un monto de U$S 26:099.077, en el primer caso se pagaron U$S 90:555.050 por concepto de aranceles, en el segundo U$S 10:048.015. Visto de otra manera, el neto de las exportaciones con China en los primeros 8 meses del año, descontando aranceles alcanzó los U$S 664:070.367, en el caso de Japón el valor de exportaciones menos aranceles alcanzó los U$S 16:050.932. A buen entendedor estos números deberían bastar para explicar la oportunidad de un acuerdo con el gigante asiático.

Esta sencilla cuenta, repetida en tantos rubros como se exportan hoy a China, debería permitir compensar las pérdidas que indefectiblemente sufrirá la industria manufacturera. La decisión final es netamente política, dónde no solo los beneficios económicos cuentan, sino también el costo de desarmar estructuras productivas desarrolladas y construidas por emprendedores industriales a lo largo del tiempo.

Vale traer a cuenta una referencia de otros tiempos. La sustitución de importaciones fue una estratégica decisión de post guerra, que obedeció a la realidad de una época, y que tampoco fue inocua. Hubo ganadores (el sector industrial) y perdedores (la producción agropecuaria). Luego de más de 60 años los términos se invierten en un escenario de mercados mundiales absolutamente diferentes, como también lo es hoy la agropecuaria en cuanto a productividad y valor agregado en innovación y desarrollo.

Por cierto, no se pretende con estas reflexiones arribar a una conclusión, el estudio de pre factibilidad y razones de orden político marcarán el camino a recorrer. Solo la convicción de que Uruguay es viable a partir de su proyección exportadora al mundo.

A modo de reflexión final, no dudamos en que es necesario asumir los riesgos e incertidumbres de negociaciones como la que hoy se propone. Estamos irremediablemente condenados a abrirnos al mundo. No obstante, y bajo esta última premisa, hoy más que nunca y como país respetado en el concierto internacional, necesario es dedicar todos los esfuerzos posibles reivindicando la recuperación del multilateralismo en el comercio mundial a través de la consolidación de las instituciones que lo regulan. Sin duda el escenario que nos resulta más propicio en esa constante y difícil lucha por consolidar nuestra presencia en los mercados mundiales.




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