Aprontá tu corazón... ¡y tu bolsillo!

El matutino “El País” dio cuenta ayer de un documento a ser debatido en la Comisión de Programa del Frente Amplio que, entre otros cambios a la vigente Ley de Inversiones, propone crear nuevas empresas públicas. Pero los otros cambios no son menos desafortunados y todos ellos apuntan a incrementar la intervención gubernamental en los mercados al socaire de los comisarios políticos de turno, así como gastar más recursos públicos en prebendas para los conmilitones.

Un debate pendiente que tiene Uruguay es la naturaleza y gobernanza de sus empresas públicas. Y una deuda aún mayor —porque es una cuestión aún más controversial— es el debate en torno a la constelación de empresas del Estado bajo régimen de derecho privado, que en su mayoría orbitan en torno a las empresas públicas mastodónticas, que constituyen verdaderas máquinas de gasto público fuera de control.

Pues bien, la Unidad Temática de Trabajo, Empleo y Relaciones Laborales del FA, en lugar de plantearse esas cuestiones cruciales (la peripecia de ANCAP en manos de Martínez y Sendic ya vimos en qué terminó y no es la única cuenta de ese collar), en un documento plantea crear más empresas públicas en sectores “en auge”. Tal lo que surge de un informe de la colega Valeria Gil para “El País” publicado ayer jueves 7.

Pero hay más para este boletín. Se propone también “priorizar” aquellos sectores de actividad con mayor impacto en “el empleo”, con énfasis en los “empleos verdes”, privilegiar en las compras públicas a las empresas con “componentes nacionales” (no importa que ello resulte más costoso para el contribuyente) y —¡attenti al lupo!— promover las industrias culturales “orientadas a proteger, sostener y reafirmar nuestra identidad nacional”.

Advierta el lector que cuando desde el Frente Amplio se hablar de “priorizar”, “privilegiar” y “promover”, se está hablando de plata contante y sonante. Podrá ser mediante subsidios o mediante la concesión de privilegios de mercado para algunos. ¿Para quiénes? Bueno, para aquellos que el político a cargo entienda —desde su infinita sabiduría— que se lo merecen. Tanto los subsidios como la concesión de privilegios, le termina costando plata a la gente de a pie (incluso a aquellos trabajadores vinculados a las empresas beneficiadas con prebendas), en un caso como contribuyentes, en otro como consumidores.

Una vez más, ratificando un pernicioso rumbo, desde esa “unidad temática” del oficialismo se propone profundizar el programa de capitalismo prebendario, uno en el que prosperan las empresas amigas (compañeras) o las multinacionales a las que no hesitan en regalarle lo que exijan. Todo a cargo del ciudadano de a pie, gentileza del Frente Amplio.



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