Ancap, el mejor ejemplo de despilfarro

Por Jorge Ciasullo

“Ancap venderá la avioneta y el horno que nuca instaló” (El País 06/04/2017). En realidad el titular del matutino debería ser: intentará vender, resignándose de antemano a que, si lo logra, será por un precio bastante menor a lo pagado -no invertido- ya que toda la operativa es el perfecto antónimo de inversión: despilfarro.

Las máximas autoridades de Ancap, encabezadas por su presidenta Marta Jara, participaron el pasado 5 de abril, de una sesión de la Comisión de Industria de la Cámara de Diputados. En la mencionada reunión, anunciaron que “el horno no lo vamos a instalar”. Se fundamentó dicha decisión en que un equipo técnico, que asesoró al directorio del ente, estableció que la inversión se recuperaría en el año 2023 en la medida que se puedan exportar 750.000 toneladas anuales de cemento, más del doble de lo que Ancap produce en la actualidad.

Sin duda entre las variables tenidas en cuenta para resolver no instalar el horno, hoy guardado en más de 100 contenedores en las afueras de la planta en Paysandú, se tuvo en cuenta que dicho proceso costaría 120 millones de dólares, siempre y cuando nada se haya deteriorado, considerando además, que el equipo de software del mismo requiere mantenimiento y que todas las garantías vencieron al año de su llegada al Uruguay.

Al mismo tiempo que trasciende la noticia motivo de este comentario, el señor Raúl Sendic declara: “no estoy de acuerdo con que se venda el horno que costó U$S 80 millones” “el resultado positivo (de Ancap) actual es el resultado de las inversiones que generó “(él). (Programa Inter Cambio M24. 06.04.2017.)

Realmente llaman la atención las declaraciones del señor Sendic, porque parece vivir fuera de la realidad, manteniendo una fantasía, que sin duda podría explicarse psicológicamente. Porque en lugar de mantener un prudente silencio sobre el tema, al igual que la compra del avión que él resolvió, sigue sosteniendo, contra todos los argumentos económicos y técnicos, que el horno debería instalarse.

Indudablemente, el directorio actual de Ancap, procedió conforme a lo establecido en “la tapa del libro”, previo a realizar una inversión- esto es, antes de destinar U$S 100 millones para la puesta en funcionamiento del horno, el de asesorarse con especialistas, algo que obviamente nunca pensó el señor Sendic, cuando resolvió la compra del mismo.

No conocemos el informe del equipo técnico mencionado en la Comisión de Diputados, pero en cualquier empresa se hacen inversiones, o necesarias para el funcionamiento de la empresa o con el fin de incrementar la producción. En el primero de los casos, ella se hace siempre y se recurre normalmente al fondo de amortización. En el segundo caso, se estudia el mercado y si hay posibilidades de colocar mayor producción y sobretodo competir, se analizan tres variables:1) rendimiento esperado; 2 riesgo aceptado (posibilidades) y 3) horizonte temporal, (período de tiempo máximo en el que estima se recuperará la inversión).

Más sencillo aún, inversión se define como colocación de capital con fin de obtener una ganancia.

Nada de esto se tuvo en cuenta, con el agravante que la planta de cemento, para cumplir con sus compromisos, debió comprarle a su competencia, ello debido a su infraestructura obsoleta y por deficiencias en la cadena de producción -produce un 36% de su capacidad.

Es por demás significativo señalar que en el año 2015, Cementos Artigas (privada) registró ganancias por U$S 25 millones; mientras Cementos del Plata (pública) registró pérdidas por U$S 27 millones. En el año 2016, las pérdidas alcanzaron U$S 25 millones, lo que significó un acumulado desde el 2005 de U$S 200 millones.

¿Es necesario agregar algo más?

Tal vez la” inversión” (U$S 400 millones) en la planta desfulzurizadora , para tratar el petróleo venezolano que ya no se compra.

Toda esta mala administración, llevó a que para evitar el quiebre de Ancap se resolviera el pasado año capitalizarla: U$S 622 millones por condonación de deuda con el estado; U$S 250 millones por préstamo de la Corporación Andina de Fomento (CAF) y U$S 100 millones mediante “ajuste” de tarifas.

Ese es el resultado de las “inversiones” y de la gestión del señor Sendic- incluido la compra del avión a la que nos referiremos en próxima nota- y antes del Ing Daniel Martínez, cuya primera decisión empresarial fue designar a 120 personas (adherentes) en cargos de confianza.

Creemos que visto los resultados del organismo monopólico, por un mínimo de respeto a la ciudadanía ambos deberían guardar un profundo y prolongado silencio (Tabaré Vázquez dixit).



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